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viernes, 20 de octubre de 2023

Luisa siempre fue así

 Luisa siempre fue así.

Cuento.- 



Luisa siempre fue así. Sorprendente. 


4 días de la semana llevaba uniforme de su empleo a la escuela, varias veces la vi en la parada del autobús a la hora en que yo también esperaba.


Un día iba yo en bicicleta, dijo ¿Podrías llevarme a mi trabajo? Como la bicicleta no tenía parrilla, ni clavijas de soporte, le dije si no le sería incómodo ir montada en el cuadro. 


Eso fue la primera vez, de ahí en adelante siempre fue así.  


Me cautivaba su rareza, el exotismo siempre ha sido mi principal estimulante. 


Un día que terminábamos de contarnos nuestros orígenes, yo de Motozintla, ella de Tecpatán. Me dijo “Daría todo por ser como Salma Hayek”. Yo estaba tan a gusto siendo fotógrafo del “Eureka diario Popular”, y para seguirle el juego le dije, “me cambiaría por ser  el vocalista de Tex Tex”.  

  

Luego del cuarto año de vivir juntos empezó a sentir el hartazgo de la rutina. Así que propuso jugar a inventarnos ser otros, día a día. 


Yo tenía que seguirle el juego, y sobre todo actuar con decisión según la trama que inventase. 

- “No te va a gustar, pero tengo que decirte que hace 6 años fui Teibolera en Coatzacoalcos” 

Sus palabras me tomaron por sorpresa, sobre todo porque hace 6 ella tendría 17 años, y según me había contado en la historia de su vida, coincidía con la temporada que había hecho la prepa en ese lugar. 


- ¿Tú teibolera?... ¿Con qué?

Dije pretendiendo desarmar su Narrativa. 

- No creerás la magia que ocurre usando lo necesario, en lugares apropiados. 

- A ver ¿Cuéntame más?

A un principio quería estar aterrizado, sabedor de que dijera lo que dijera era como un performance artístico, hecho para consumo personal. 


- En el año que no estudié, viajaba a Coatzacoalcos, en busca de una oportunidad laboral para sostenerme, en lo que venía después. De Tecpatán a Coatza, son tres horas, en el asiento de a un lado, venía un joven oyendo su discman y cuando se le acabó la batería, volteó a verme, y, me sacó platica, me contó que era animador del “El caballo Blanco” un centro nocturno,  que volvía de sus vacaciones, en Tuxtla, y así, yo le dije que con tal de tener trabajo aceptaría cualquier cosa. Así comenzó. 

Siguió su relato. 

- Ya después, me pidió mi número de teléfono, yo le di el de mi tía, al que me empezó a marcar, siempre a las 7 que era la hora de entrada a su trabajo. Me acomodaba bajo la escalera de caracol de la casa, y ahí cerca de 15 a 20 minutos hablábamos, ya sabes de todo y nada. Entonces le dije y ¿Cuánto ganaría yo por trabajar ahí? Y, me dice ¿Te gustaría trabajar acá?, “con tal de estar cerca de ti”, le dije, porque ya ves que llevábamos hablando más de dos o tres semanas, porque yo por más que buscaba trabajo no encontraba por ningún lado. 


Al escucharla, empecé a sentir la ansiedad, en mis brazos, que es el lugar donde aparecen la ira o el temor. 

- Ajá y después

- Pues que comencé a ir, poco a poco, primero a beber una o dos cervezas, y ya, pero cuando vi un show completo, me encantaron las luces, los cuadritos relumbraban en el piso, y el ambiente se ponía diferente… como… como de otro planeta o algo así. 

- ¿De otro planeta dices?

Quería parar, la historia, porque vi en su rostro que su relato era real, y no quería repetir la experiencia de la última vez, que enloquecido, exploté violentamente. 

- Si, como de otro planeta, porque con tal de levantar el ambiente, es decir provocar a los hombres, una tiene que supermaquillarse, usar lentejuelas, pestañas postizas, peluca y una crema con brillo que hace que, en la pista ante los otros, seas por un espacio de lo que dura dos canciones, un caramelo, un bombón, una barbie.  Por eso tienes… bueno tú no, pero todas las chicas, usar unas zapatillas tamaño ufff, así de mis dos manos juntas, paradas y estiradas, y además bailar, bailar sexy.  

- ¿Te sigo contando?

- Ok. 

- Bueno, y lo que más me gustaba era como me anunciaban, decía la voz de Mario. Con la música de Molotov, esa que dice “Me gusta chi-chi, me gusta cha-chá Yo quiero que me des, que me des papaya. Y ahora, Directamente de Chiapas, antes la subcomandanta Ramona, llega a pararles a todos el corazón en esta noche, Jade, ¿Verdad que todos quieren que Jade les haga un privado?”  Y, así aparecía yo en el escenario en acción, meneando todo mi pelo, y todo mi cuerpo. Eso en la primera canción, ya luego en la segunda, aparentaba que no estaba cansada, y subiendo y bajando el tubo, iba desprendiendo de mis shorshitos que eran como de boy scout, porque así me lo recomendaron que saliera yo aparentando ser una indiana Jones de Chiapas, pero en mujer… en la segunda canción ya bailaba yo más suave, pero lo que si me molestaba es que mientras yo bailaba en el tubo, unos estuvieran viendo el futbol en las pantallas laterales, por eso, le pedía a Mario, que por cierto ahora trabaja en radiocentro  con el show de 12 a 2, y que ya ves que siempre le llamo cuando estoy con oportunidad para pedirle me  ponga esa canción, bueno pues yo le decía, “ay Mario por fa, pon en las pantallas luces, y apágales el futbol, me choca que nadie me mire”, porque bueno, yo creo que es arte eso, eso de estar arriba moviéndose  con las nalgas y pezones al aire, y  ya sabes con el cansancio de las zapatillotas, y que tengas que aparentar lujuria, y encima no te pongan atención. … y además me choca el futbol, tu lo sabes. Bueno, lo bueno de todo eran los servicios privados, en los que en una caseta, así como las del teléfono, pero más oscurito, me daban hasta 1500 pesos por que les bailara tres canciones suavemente. Lo que sí nunca dí el aquellito, eso te lo apartaba a ti. Bueno eso digo yo, porque en ocasiones los privados se trataba, no de bailar, sino de tomar chelas con el cliente, y varias veces, terminaba yo bien fumigada. 

Todo coincidía, Mario era un showman que transmitía en una radio con el estilo de animador de 12 a 2, ella cada jueves que era su día de estar en casa, le marcaba para pedirle esa canción de rastamandita, cuando se la dedicaba en vez de decirle Luisa, le decía “con gracias totales a la comandanta Jade, allá en San Juan Sabinito”. Nosotros vivimos en esa colonia. El caballo Blanco tenía fama de ser el mejor table dance de Veracruz, de Tecpatán a Coatzacoalcos lleva tres horas de viaje, y es cierto a ella no le gusta el futból.  


Estaba confundido y encabronado. 


Ya fuera de control y con un cambio de voz que no reconocía, le expresé: 

- Así que Jade, eh. 

- Si, pero ahora solo para ti. 


Quise dominarme, pero ella se mantuvo en su papel, mira, -Dijo sacando una foto de en medio de un folder transparente- Acá tengo una foto de Mario y Mía de aquellos tiempos. 


Ahí fue, que me le fui encima y la derribé. Cayó en el colchón y subiendo ambas piernas detuvo los impulsos, y con dulce voz preguntó: 

- ¿Te enojaste?... 

Yo ocultando la mirada, dudaba si le soltaba un chingadazo, o seguía soportando el dolor del corazón. 

- Basta pinche Luisa, no mames, eso no es falso, todo coincide, contigo. No me digas que son babosadas tuyas. 

- Mi vida, si son babosadas, pero son nada más para encender la pasión, entre los dos. 


Negándome a verla, le dije con la cabeza oculta entre su almohada.  

- Prefiero que me dejes, que sufrir, cada vez que se te antoja, según para levantar la pasión.  


Entonces a manera de disculpa, me enseñó la foto, y no era ella, sino Salma Hayek, con un animador de feria, en el carnaval. 


Luisa, rio satisfecha, y luego dijo. – No como crees, dejarte no, si nadie podría amarte locamente como yo. 


Esto me parece un caos, pero tengo que seguir así…para salvar la compañía. 


#EsdrasCamacho


jueves, 10 de junio de 2021

Fruta Azufrada

 Fruta azufrada 


Relato/Esdras Camacho 


*Fruta Azufrada* 


Me dio añadir como amigo en el Facebook, y dijo que me extrañaba, yo dudé de quien se trataba, pero más tarde, sin más ayuda que mi recuerdo, la reconocí, aunque en el Facebook escribiera su nombre completo, era lo último que podría acordarme de ella.  


 


A través del Messenger me escribió  


¿Cuándo te veo? 


Sin ningún interés por que nos viéramos, respondí breve: “pronto”.  


 


Ese romance, había sido un buen sosiego para un alma como la mía, que no buscaba anidar en ningún hogar y ella había ofrecido sexo y conversación nocturna, esa época en que, debido a mi trabajo eventual en las radiodifusoras, me habían asignado la plaza de locutor en la única estación de ese lugar cercano a Tuxtla.  


 


Mi actual situación era estable, no tenía ya el mínimo de los pesares de aquellos tiempos en los que mi tristeza era no tener conflictos, y me aburría.  


 


 Habían pasado trece o catorce años de aquellos sentimientos.  


 


Me avisas, y voy a donde tu digas. Me dijo.  


 


Unos veinte días después le anuncié mi viaje a Tuxtla, el motivo sería exponer unas obras fotográficas en el Centro Cultural Jaime Sabines.  


 


Te veré a las ocho de la mañana, en el café que está próximo... ¿Y sabes qué? Me escribió. “Estoy nerviosa”.  


 


Llegué y me ocupé en descargar los cuadros que llevaba para la exposición, cuando hube de haber entregado la mercancía, me fui a donde habíamos acordado.  


 


Había olvidado su rostro, pero ella no dejó de verme con su estimulante sonrisa, desde que abrí la puerta que da acceso al lugar.  


 


Ella sorbía el café velozmente, supuse que tenía prisa porque saliéramos. Imaginé que deseaba fuésemos directamente al hotel, aunque yo prefería dormir, antes que cualquier otra cosa.  


 


En el auto, con rumbo al hotel, no hablamos demasiado, sobre todo porque yo había adquirido el habito de ser discreto.  


 


¿Qué piensas? Dijo 


Lo mismo que tú. Contesté 


(Hubo risas de ambos) 


Es preciosa tu sonrisa, y esa risa es la que me tiene acá. Dijo.  


 


Subimos a la habitación, y no hubo mucho que nos sorprendiera, dos camas matrimoniales, sobre colchas limpias de un marrón descolorido, una televisión moderna, paredes impecables y aire acondicionado.  


 


Expresé la convencional frase “Al fin solos” y reí. Le dije quédate en la cama que está cerca de la puerta, por si deseas huir, aun estás a tiempo.  


 


Entró al baño, y dijo que tomaría una ducha, yo me acosté frene al televisor a ver cualquier cosa.  


 


Salió y de inmediato se aventó sobre mí, diciendo ¡báñate! Me hice a un lado y le propuse que viéramos algo en la tele.  


 


Vamos hay que desquitar el precio del hotel, dijo.  


 


Jugó con mis partes y se deshizo pronto de la toalla que la envolvía, se acurrucó a explorar con su boca los rincones más henchidos de mi bajo vientre.  


 


El juego era de dos y, al hacer mi parte, percibí un olor que parecía estar inundando toda la habitación, era un olor fétido, desagradable, era ese olor, del que huirían los asquerosos recalcitrantes, yo nunca he sido uno de ellos.... pero de verdad era fastidioso, iba mucho más allá de lo normal.  


 


Demoré en concluir lo que había que demorar. En mis adentros había dicho que todo el placer era mío, y no de ella, pero estaba sucediendo todo lo contrario, debido a ese penetrante aroma. Todo el placer era de ella.  


 


No me apreté la nariz, para no herir sus sentimientos, pero era imposible ocultar el desagrado que provocaba esa peste.  


 


Me explicó que era un asunto del que ya estaba ocupándose con su médico que le estaban dando tratamiento desde hacía poco, para disminuirlo y erradicarlo.  


 


De acuerdo, ojalá haga efecto pronto. Le dije.  


¿Qué tal estuve? Dijo.  


Aprobada, quiero repetir.  


Tranquilo tendremos toda la noche. Respondió.  


 


Le dije que iría a hacer unas compras solo, que deseaba atender unos temas, en los que no podía ser acompañado, y era cierto, pero también deseaba escapar de ese lugar cuanto antes. 


 


Volveré de prisa. Dije.  


 


Mientras salía pensé en no volver de veras, pero mi equipaje estaba ahí. Me alejé y el aroma estaba tatuado en mi piel, era lo que había hecho que me alejase aquellos años, ahora lo recordaba. ¿Cómo pude olvidarlo? Ese olor, ese desagradable olor. Dicen que las mujeres saben a limón y sal, pero esta, ésta sabe a alimento para peces descompuesto.  Me iba acercando a mi destino, y mentalmente hacía el balance, si perdía o ganaba si dejaba mi equipaje en el cuarto, y no volvía.  


 


No regresé esa noche, al día siguiente fui por mi equipaje. Ella se había ido, pero el olor no, el olor no se iría hasta quien sabe cuándo.  


 


Me escribió un mensaje en el celular, que reprochaba mi abandono.  


 


Lo leí y después la bloqueé de mis contactos.  


 


Así debió estar siempre.  


 

domingo, 16 de febrero de 2014

Camila




La primera vez que fui a visitar a Xocoyotzin a su nueva casa, Camila, su esposa llegó tarde; pasaban de las once de la noche.


Al llegar saludó despreocupada.

Camila, cuando supo que era amigo de toda la vida del Xoco,  como si hubiésemos comido juntos la semana pasada preguntó: ¿Te quedas a cenar?. Xoco y yo, ya habíamos comido unos hot- dog con agua de tamarindo, que él  había preparado como buen hombre de hogar...“Entonces un vino”, propuso.

Bebimos cada uno en su lugar. Desde su esquina cruzó las piernas mientras con la mano libre espantaba inexistibles insectos.


- Asi que tu eres Alejandro Amir
- Si no te parece mal. Contesté


Charlamos de cómo se habían conocido, de la suerte que tuvo de que Xocoyotzin le hubiese dado clases desde el quinto semestre, “mi mejor maestro en todo” río. “Te imaginé menos moreno”, dijo refiriéndose a mi: “tienes nombre de artista, pero blanco”.

- ¿Cuántos años tienes?

Miré a ambos como buscando una explicación, no era el tema mi edad, ninguno me devolvió la mirada.

- Treinta y tres

- Ah eres menor que yo, un año.


A ratos no sabía que decir, pues ambos tenían habilidad para hacer chascarrillos de cada anécdota que les contaba, exagerando la risa de situaciones poco  hilarantes.


Camila argumentó: “la realidad de la vida de cualquier creador es la hipocresía y política, tienes a fuerza que celebrar a alguien para que ese  un día se digne compartir un poco de su luz sobre ti, te enaltezca y entonces, invoques tu propia gloria, de lo contrario serás toda la vida mediocre”.


A  la una de la mañana, consideré suficiente mi estancia y me despedí, creyendo que me invitarían a hospedarme ahí en su residencia.


En la puerta:
- Que descanses, dijo él
- A ver cuando escribes un cuento sobre mí, dijo ella
- Buenas noches, dije.


Ya en el coche un tanto excitado por las copas de alcohol, intentaba no ceder al mareo que subía por los dedos puestos al volante.

Tres días después me había mencionado en su muro de facebook, me seguía en el twitter,  me había pedido el correo electrónico y dirección de la casa.

Contesté cortésmente sin prestar tanto interés. De mi probable amistad con ella tendría que estar presente Xocoyotzin.

Envió una dotación de libros sobre temas de sociología y estudios culturales. Sabiendo que era la hora en que ambos estarían en casa, llamé a las once de la noche para agradecer el gesto.


Un mes más tarde volví de visita, esta vez, era ella la que estaba en casa y Coyotzín ausente. Mientras terminaba de alimentar al bebé, me dijo “tomate algo mientras llega Coyotzín”,  fui a la vitrina y me serví un whisky muy rebajado para que no se notase que no tenía ganas de beber.


Camila terminó de acostar al bebé dormido y cuando me tuvo cerca me abrazó cual íntimos de varias décadas. Su talle era macizo, el vestido de flores amarillas, con olanes acentuaba su coquetería.


-  Me gustaría que aceptases te presente a mis amigos intelectuales, les he mandado a leer tu blog y han aceptado que no eres malo. ¿Qué opinas?

Bebí como si eso me impidiera hablar.

Continuó.

- Nosotros hemos apoyado a tanto talento que no encuentra las puertas fácilmente, te doy algunos nombres, Nelson Palacios, Yuria Mandujano, Pepe Gálvez… por eso pienso que estaría bien que no perdieras el vínculo con nosotros.

Cuando decía nosotros, se tocaba la parte debajo de la mandíbula donde los hombres llevamos “la manzana de Adán”. Pregunté por Coyotzín, dijo: “no me contesta desde las tres de la tarde, esa es la señal de que aparecerá en la madrugada de mañana”.


Se acercó decidida, me rodeó la espalda y sentí además de su aliento alcohólico, sus senos.

- Tú qué dices… es ahora, porque quizá más tarde será tarde.

Besó mi boca con maestría, imaginé un descuartizador en su brutal oficio y con prisa.

Sorprendido, me  deje envolver por la impetuosa afrenta de su instinto.

- ¿De qué se trata esto?. Te imaginas las consecuencias, dije.

- Se trata de que te permitas conocerme, aseguro doble satisfacción, te presentaré a mis amigos artistas, entrarás a un círculo especial de intelectuales y podrás destacar en el mundo al que perteneces, el periodismo y la literatura. Y lo demás tú ya lo sabes.

Recordé a Coyotzín en aquellos días de estudiantes, alcoholizado hasta las uñas. ¿Se merece una mujer así, pensé? Probablemente, pero no se merece un ex amigo más, eso no pasará conmigo.

Me alejé un poco y dije,
-No estoy de acuerdo. Gracias. Así lo dejemos. Así estoy bien. No quiero lo que me das.

- No seas Tonto Alejandro Amir, tienes todo para el éxito, tienes casi todo, lo último es lo de menos, yo te ayudaré. Sonrío y volvió a entornarse en mis costillas.

Viéndome a los ojos dijo:
-“Tuve un sueño, en el que si me rechazaba alguien como tú, se iría al carajo mi suerte en el amor. Tengo una obsesión por los hombres un año menor que yo, no espero a que ellos lo hagan, los cortejo. No dejes que se cumpla mi sueño, sí?”

Muy seguro, le dije

- Creo que no.  No serán así las cosas. ¿Ok?. Pero sabes qué, ya tienes tú, tu cuento, solo deja que lo escriba.

Furiosa, giró sobre sus talones, diciendo.

- Pinche Putito, lo sabía, hasta el pinche nombrecito lo tienes de puto. “Mi cuento, mi cuento”, a la verga tú y tus cuentos. Pinche negro sigue de mediocre.

martes, 3 de septiembre de 2013

Stefanny

Estefany  me hablaba de lo que hacía en el fin de semana que no nos veíamos.

Ella viajaba en familia hacia una comunidad cercana a celebrar la adoración de su salvador.

Estefany tenía extraordinaria belleza tipo "Pocahontas", morena, talle espigado, cintura pequeña y caderas de ensueño. Cabello frágil, mirada tierna, dentadura perfecta, el cálido aliento, timbre de voz sexoso, maneras sexys de andar y lo mejor: hacerme sentir que ignoraba sus encantos.

¿Cuántas semanas con lo mismo?: muchas

"Fui a Santa Catarina al culto, mi madre y mi novio también,  no sé si te he dicho pero soy cristiana y Dios te ama, acércate algún día, yo te invito, te invita mi familia quiero decir".

Soportaba su letanía por la dicha obtenida de admirar sus atributos físicos, y el casi fastidioso repetir que su novio la protegía, la acompañaba, la entendía...bla, bla, bla. ¡plaff!.

Hablaba melosa de lo bien que era sentirse segura de su vida.  Con visión romántica y fe en el presente, aparentemente sin necesitar cambiar en nada.


Era evidente que yo  era su fiel compañero, y estaba cómodo en the zonefriend. Tranquilo aplicaba esa frase: "Mujer que no has de tener, déjala correr".

Llegó el día en que su galán comenzó a tener traspiés, faltó dos ocasiones seguidas a la cita familiar, la siguiente vez no supo disculparse ni comportarse como un caballero. Estefanny vino triste pronto a contármelo todo.

Amoroso ofrecí mis brazos afectuosos. Sin provocar ni denotar mayor interés que el de estar como padrino, vecino o hermano.


Aquel abrazo en el parque cerca de su casa, dejar que mis dedos jugasen el tirante del sostén, la coqueta despedida y la promesa, (mía por supuesto). "Apartaré el sábado para que vayamos a ese culto que dices me servirá".


En el camión viajamos amontonados, levantó ambos brazos para sujetarse, yo a sus pies prefería acurrucarme, me vio con cara de ¿qué estás haciendo?, le dije, es más cómodo si viajo así.

Observé que bajo el saco llevaba una blusa con escote. Antes de llegar le dije al oído:


- ¿Y esa blusita provocante?
- Tú mirón, solo calla.


El lugar tenía atmósfera anestesiante. La música excitante.

Un orador motivaba a la concurrencia a hacer movimientos y gritos exaltados.

Estefany me advirtió, sentirás el deseo de acudir al llamado del que habla en el micrófono, analízalo, no vayas si en verdad no quieras.


- Tal vez es solo un impulso, dijo.
- Está bien, yo sabré. Dije

Comenzó la danza... yo como don quijote haciendo muy bien mi papel de hacer lo que los demás, para disimular que no pertenecía a ese lugar.

Las risas, los aplausos y todo ritmo era delicioso, seductor.

Y llegó el momento de la señal anunciada.

La voz oficial mandante pronunció:

"Hoy es el día que a través de mi, habla la energía.... la fuerza e inspiración del Arquitecto del universo se hace presente.

Todos estábamos conmovidos, algunos con los ojos cerrados, otros con la mirada extraviada.

Nuevamente dijo: "Este es el llamado del más grande poder, que te invita a ser parte del Poder, ....hoy amigo,  que por primera vez estás entre nosotros te digo: ¡Libérate de la esclavitud, estás acá por un motivo trascendental, una señal de que igual que el Hijo de dios, te ama!".

Sus pausas hacían acrecentar la emoción de  una experiencia placentera.

Continuó: "Dirígete hasta acá donde yo estoy, tendrás contacto directo con el altísimo, hoy te bendeciré con el éxito en tus propósitos. ¡En este momento mueve tus pies hacia donde estoy!. ¡Algo bueno te espera!, cree, te lo digo de cierto. Así como el hombre ha logrado crear los aviones para que atraviesen milagrosamente el cielo, hoy el poder del altísimo te conducirá hasta acá... de aquí saldrás renovado para ser feliz y conquistar tus metas".

En efecto, sentí la atracción de acercarme, y mi mirada buscó ayuda en los ojos de Stefanny, pero ella los tenía cerrados, y todo en derredor me animaban a avanzar.

El orador remató: "Es ahora el momento en que coincide el ayer y el mañana, hoy en este momento un manantial de regocijo refrescará tu alma..."

Las palabras dejaron tener sentido, solo era una sensación de ir como insectos hacia la luz. Mi conciencia abandonó mi razón.


Estando al frente, con tanta gente, el orador me eligió para darme la voz. Acercó su micrófono y dijo: "confiesa hijo, hermano, en esta gloriosa tarde como te sientes y ... que te condujo hasta acá".

Sentí que me desconectaba y volví a concentrarme, dije:

"Estefanny, me invitó, es una niña dulce. Yo la deseo... quiero decir le quiero, siento que la amo".

Todos voltearon a verla, ella miraba con asombro.

El conferenciante pronunció de inmediato: "Aleluya" - ¡cristo tiene poder!... "Este joven ha venido animado por una hermosa hermanita, que sean sus encantos los que lo conduzcan hacia el paraíso en la tierra, le demos el aplauso, alabado sea el señor".

Me incorporé a la multitud. algunos lloraban, otros reían, me parecía que todos estaban aún bajo el influjo de una misteriosa sensación.

Stefanny, parecía estar sorda, solo me abrazó y apretó mis manos.

Pensé: lo que puedo hacer por obtener el privilegio de gozar de ti.
 ¿Seré su héroe, o su víctima?.



lunes, 4 de octubre de 2010

NINA

La noche en que Nina desapareció, había estado con su hermanos Aldo y Georgina en la plazoleta del parque central observando el concurso de altares que con motivo de la celebración del día de muertos, anualmente se realizaba
Rafael Montoya presidente del jurado, se distinguía por su prestigio como abogado y notario público, encumbrado en en el ambiente local, reconocido entre otras cosas por sus grandes extensiones de terreno inoficiosos, aristocrata amable y conversador rural de las cosas eternas.

Nina comentó con su hermano que Montoya hacía dos años, había invitado a sus padres, a una comida emblemática, realizada en sus propiedades, fiesta en la que estuvo Nina, su mayor presunción no fue otra que la de un nopal de raices viejas, de proporciones medias, que aseguró ser de gran valor, pues era el mismo que los aztecas encontraron, luego de haberlo buscado durante doscientos años, según profecía de su dios Huitzilospochtli, sobre un islote en el lago de texcoco, hacia el año 1325.

Ese día, sin que Montoya hubiera bebido más que agua, se extendió más allá de lo prudente en sus explicaciones, llegando a parecer catecismo, en el que dijo, que dicho cactus era símbolo de energía perenne, que era su tesoro, ya que lo había transportado en un contenedor especial, con dos toneladas de arena original en la que había estado plantado hasta la ciudad, esa en la que decidió vivir desde hacía treinta años.

Nina comentó todo con el natural enfado de que nadie en aquel momento se hubiese atrevido a señalar las contradicciones del relato. Si el relator era originario de Nayarit, ¿cómo es que había llegado a ser poseedor de ese cactus, que según él había heredado de su ancestro directo Nezahuálcoyotl?, y, en el caso probable de que fuera cierto, que vino a hacer a este lugar de la sierra chiapaneca, ¿qué encontró aquí de benefico en el suelo de este lugar?, si el cactus era trasplantado de un "islote", ¿qué no así lo dice la leyenda?. Además, allí donde está plantado, peligra que un deslave se lo lleve y adios tesoro chichimeca.

Aldo le escuchó diciéndole que el sujeto en mención, no perjudicaba a terceros, que el que quería podía soportarlo o no, al fin Montoya, cifraba por la cuarta edad, y sus delirios podrían ser extravagantes.

Nina, no había llorado al nacer y todos la habían dado por muerta, luego a manera de chiste le decían que andaba fuera de sintonía, no obstante era más inteligente que lo acostumbrado en la familia, a los 16 años se le había procurado todo lo posible, en esa tarea participaban también sus hermanos mayores Cristina y Aldo, los que debido a sus respectivas tareas no convivían con ella a diario.

Al llegar a adolescente, su comportamiento se volvió inestable, pocas palabras dichas solo para herir, ella se declamaba herida y hería a quien no la entendiera, adquirió de pronto ese dolor indescifrable que los psicólogos llaman melancolía,
Aldo único hombre, se identificaba con Nina, pues aunque 15 años, los separaban, los unía un el parecido en el carácter y en el físico, incluso la madre pronunció una vez que ellos eran gemelos a la distancia.

La noche del 2 de noviembre, Aldo caminó delante de ella, doblaron la esquina, él supuso que lo seguía. Se detuvo a saludar a sus conocidos, despúes se paró en la orilla de un parque hundido y vio a lo lejos movimiento en la colina donde se ubicaba la casa de Montoya, se demoró viendo luces de antorcha, pensó ¿que serían esas luces, y porqué?, si lo acababa de ver en el evento.

Al llegar a casa, se sentó a esperarla, le envió dos mensajes de texto diciéndole que se diera prisaen la sala observó un cuadro enorme del famoso cactus, tejido a mano, el cuadro, el dibujo, en sí era una magnifica obra de arte.

Despúes, padres y hermanos la rastrearían por el celular y en casa de sus amistades, el temor de un secuestro les invadió.

A la mañana siguiente, con los ojos desorbitados y la deshidratación del desvelo, sus miradas indagaban a cada transeúnte, con la esperanza de alguna pista. La dependienta de la farmacia, les dice que la vio llegar a hacer una recarga de tiempo a las nueve con treinta minutos de la noche, les entrega el ticket que confirma su número y la hora exacta.

Cristina, le marcó al instante, el sonido intermitente del proceso de la llamada, les daba una seguridad de hallarle.

La ausencia se hizo parte del paisaje, la mortificación, los recuerdos, todos se sintieron como fantasmas, almas en pena. Repetidamente se culparon cada cual de sus errores de no tenerla entre ellos, la muñeca, la bebé, la reina, la única, el consuelo, la esperanza, todo lo que significaba Nina.

El papel de las autoridades en materia de justicia, ya se sabe, torpeza tras torpeza en la investigación. Sucedieron los años, la fuerza de su aliento débil, y la búsqueda interna de explicaciones fantásticas en la que la protagonista vivía con dos hijos lejos, muy lejos en donde la habría llevado quien la robó.


El 4 de Octubre del 2005, fue el primero de los tres días que llovió con tanta fuerza, provocando que los cauces de los ríos se desbordaron arrastrando cientos de viviendas, la ciudad estaba en alerta roja, riesgo total, imágenes dantescas, aludes, deslaves, inundaciones, los destrozos iban aumentando, la rapiña no se hizo esperar y la gente que podía ayudar constataba que aunque se esforzaran pocas cosas se rescatarían.

El segundo día de lluvia, la barda que cercaba los terrenos de la hacienda de Montoya se cayó, eso fue todo un episodio, pues la gente comprobó que no había cultivos, que era todo un desierto inaprovechable. El famoso cactus, se despegó de la tierra a consecuencia de la inundación.

Aún en la emergencia, un biólogo europeo, fue llevado por el notario, con urgencia al lugar para que recuperara la salud el marchito cactus. El biólogo explicó a través de un interprete que ningún cactus debe ser fertilizado con sangre, la rumorología terminó de hacer lo demás.

Abrazando los restos del nopal, a rastras lo sacan de su casa, y los huesos de tantas victimas alfombrando el camino, sorprenden a los rescatistas.

domingo, 10 de mayo de 2009

Mala Racha

MALA RACHA





Doblé la esquina y el sol de mediodía me abofeteó.

Anoche a punto de ejercer mi virilidad, en ese cuerpo, y al final nada. Que manera de oponerse, apreté, me dio arrumacos, me calentó, cierto me enojé al final, pero no se lo demostré.

Unas horas antes compartía la cama con mi amiga y ahora, me cerraba las puertas, tremendos vituperios, para denostar al más detestable de sus enemigos.

Celeste, me había echado de su refugio. Yo nada podía hacer, solo maldecirla.

Incapaz de reconciliarme con mi orgullo, avancé hacia el centro.

Pasaban de las once de la mañana y esperaba el desayuno, para después partir...volvió de la calle, jugando sus llaves, me pidió perdón por no terminar la noche a mi lado, salió a una fiesta, cuando me quedé dormido.

En el desayuno, se limitó a buscar a su gata princesa para alimentarla.

Ahí fue cuando soltó esa sarta de agravios.

¿Cuándo la conocí?

Coincidimos repetidamente en la libreta de firmas en la escuela donde ambos éramos catedráticos. Un día de la nada recibí su invitación a  tomar el café en su casa, allí supe que rentaba el departamento sola, que tenía parejas ocasionales, que los compromisos no le gustaban, sus hobbies preferidos, recoger gatos y perros callejeros de raza pequeña, para su compañía.



Sentados en un sofá mediano, fumamos compartiendo el cigarro, hojeé unos ejemplares atrasados del periódico. Conté de mí, queriendo disimular la bola de pelos que ronroneaba en mis zapatos, en 40 minutos le resumí mi existir en la ciudad.


Esa ocasión creí que con esa entrevista había terminado todo, satisfecha su curiosidad descubriría que no valía gran cosa para su amistad, y decidía no continuar.


Su conducta era a un mismo tiempo estudiada y anárquica. A la hora de partir, emocionada. sacó el disco que habíamos estado escuchando: - escúchalo dos o tres veces, lo cuidas, me lo das luego.


Un domingo de cada 15 días nos encontrábamos en su casa para hablar de todo y después, con las luces apagadas ver una película en su cama; al despedirme en ocasiones me daba un libro, en otras una película para que hiciera menos sufridos los momentos de soledad en mi cuarto.


Los gatos mataban toda cercanía, celosamente se restregaban en sus piernas, causando mi repugnancia. Procuraba identificar cualquier señal que me indicara que existía la posibilidad de que hubiera un encuentro con ella. Pero todo parecía tan indiferente.


Anoche, llegué empapado, llovía a cantaros, su calle estaba encharcada, pero la necedad por verla, hizo que me importara poco. Atenta como siempre, me hizo un té, puso en el dvd, un concierto de rock, y me ordenó que me bañara.


Me acosté y para sorpresa me comenzó a soplar las orejas con su aliento tibio.


El concierto era muy bueno, y muy apropiado para esa noche relampagueante, pero yo había perdido el interés en poseerla, me había resignado a no probarla como mujer, además no poseía los atributos físicos que requería mi estándar de calidad, deseché la idea después de notarla tantas veces indiferente.


Celeste, apagó la tele, y se montó a mi espalda diciendo que me caería muy bien un masajito, se quitó la blusa y condujo mis labios a sus senos, sosteniendo mi cabeza en movimientos circulares, después enganchó sus pies a mis muslos, como tenazas, no dejó que me saliera.


Aquello fue un festín de lengüetazos, pero mi placer no estaba completo aún faltaba penetrar, cosa que nunca ocurrió, pues, desconfiaba de mis hábitos sexuales, y no tenía un preservativo.


Intenté vencer su negativa, incrementando el placer que le proporcionaba, pensé que terminaría cediendo. Presentía el éxtasis, gritó desaforadamente, gritos ensordecedores, ruidos guturales, maullidos y alaridos, gritos que sobrepasaron toda mi experiencia conocida en sonidos.


Mis intentos por penetrarla no desmayaron, tampoco su reticencia, los minutos se hicieron horas... lo que me hizo desistir fue el dolor que sentí en la espalda al sentir sus 8 uñas clavadas, rasgando, rompiendo la piel, sus genitales me espinaron la boca. Ahí terminé mi loable empresa y me aparté para caer profundamente en un sueño.


Hoy, cuando esperaba sus disculpas, buscó a su gata para alimentarla, por todos lados, y me maldijo.

Sus ojos desorbitados, y mi desconcierto ¿qué tengo que ver, con su gata ensangrentada y muerta?.

¡Qué hiciste!, me preguntó como loca.

Ahí fue que me corrió.

Las niñeces si importan