martes, 17 de marzo de 2026

Alguna vez fuimos Ícaro volando tan alto… ¿Te acuerdas?

 

La idea de que la juventud es insolente, irrespetuosa y desdeñosa de la autoridad ha sido una crítica constante en todas las épocas y culturas. En la Biblia, escrita por hebreos e israelitas antes de Cristo, se aconseja a los jóvenes honrar a sus padres, se les advierte de los males que acarrea un mal comportamiento y se les insta a aceptar la disciplina para corregirse si no se moderan.

 

Un ejemplo clásico de esto es la parábola del hijo pródigo en Lucas 15, donde un hijo desafía la autoridad de su hogar, se aleja físicamente para experimentar la vida fuera y, al reflexionar, es recibido con amor por su padre.

 

En la cultura china, "Las Analectas de Confucio", escritas en el año 475 antes de Cristo, exponen la piedad filial como modelo de supervivencia y la necesidad de mantener la armonía a través de una ética y moral. Invitan a invocar la sabiduría para comprender el propósito de la vida.

 

En Mesoamérica, la cultura azteca, según Fray Bernardino de Sahagún en su interpretación del Código Florentino, se enseñaba a los jóvenes a ayudar a sus padres en las labores domésticas, a temer a los dioses, a ser diligentes en el trabajo, humildes en el espíritu, moderados en la alimentación, obedientes a los mayores y devotos de las deidades.

 

La rebeldía de los adolescentes está presente en todas las sociedades; ¿por qué ocurre esto? Es parte de la naturaleza humana. Los jóvenes desean explorar, experimentar diferentes estilos de vida, desafiar paradigmas y romper esquemas.

 

Herman Hesse, en "Siddhartha", narra cómo el hijo abandona a su padre en busca de su identidad. Con el paso del tiempo, al envejecer y pasar por lo mismo que hizo pasar a su padre, experimenta en carne propia la tristeza y el dolor del alejamiento de su hijo.

 

James Joyce, en su obra "Retrato del Artista Joven", semiautobiográfica sobre la formación de un artista, a través de su protagonista Stephen Dedalus, expone el concepto de "No serviré" (Non serviam) como base de su argumento. Este personaje se niega conscientemente a rendir pleitesía a lo que ya no cree, ya sea su hogar, su patria o su fe, marcando así un camino distinto al impuesto por su entorno.

 

¿Qué sucede en la mente de alguien que siente que su hogar lo asfixia, la escuela lo domestica, la religión lo manipula y la sociedad lo obliga a caminar en fila como un animal dócil? ¿Qué tan grande es su desprecio por las masas y sus normas anacrónicas, con tradiciones carentes de significado? Optan por perderse aunque los tilden de locos, en lugar de vivir bajo leyes que no les favorecen.

 

"La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo", expresó George Bernard Shaw. Rubén Darío reflexionó filosóficamente en su poema "Divino tesoro": "Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!" concluyendo que en la vejez ya no hay princesas que rescatar y toda la juventud se ha perdido en vanidades.

 

Las sensaciones vividas en esa etapa son turbulentas, incendiarias, destructivas, una energía sin rumbo definido. A veces parece que nada afecta al joven, pero en realidad sí lo hace; su coraza es fingir que no le importa. Parecen creer que el Edén es eterno, aunque tengan alas unidas con cera y muchas plumas.

 

El joven desconoce que su presente desaparecerá; evolucionará si tiene suerte. Habrá tiempo para desilusionarse, pero ahora su mundo está en desplazarse por la pantalla con sus amigos, en TikTok, snacks rápidos y fideos instantáneos. Actualmente, se encuentra en su laberinto.

 

Los Beatles cantaron en 1970 "Let it be" (Déjalo ser), animando a soltar la obsesión por controlarlo todo y hallar paz interior. Observar, pero permitir que las cosas sigan su curso, habrá tiempo para la sabiduría después, ahora están perdidos, asegurémonos de no desbordar el río. La juventud es perseguir fantasías, la adultez es construir sobre bases sólidas y la vejez es consolarse con los recuerdos de sus aventuras.

 

¿Lo reta? Está jugando, ¿Lo confronta? Está reconociendo el terreno. ¿Provoca? Esta cumpliendo un ritual.

 

Dejémosle sus greñas, su indisciplina, su desorden. Toleremos sus batallas. Más adelante, se regocijará en la paz, pero ahora está inmerso en su tormenta. Son sus tiempos.

 

Aguantémoslo. Así como nos soportaron en aquellos días, nuestros padres.

 

*EsdrasCamacho

miércoles, 28 de enero de 2026

Escriba Más

 Aunque existan escuelas que enseñan técnicas de narración, el oficio de escritor no es exclusivo de nadie, ni de ninguna formación educativa.

 La escritura con fines literarios constituye un ejercicio de catarsis. A través de ella, el autor plasma su interpretación personal del entorno y una reflexión íntima sobre la realidad. La obra literaria surge de la voz interior, una voz que, en muchas ocasiones, el propio escritor solo reconoce en el acto mismo de la creación.

 Uno de los aforismos más conocidos del psicoanalista francés Jacques Lacan dice: "El amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es". Yo lo reformulo: "Escribir es ofrecer la magia a alguien que quizás no comprenda (aunque en raras circunstancias, sí lo hará)". El acto de escribir es entregarse al otro, intimar con aquel que esté dispuesto a conocer y reconocer a los demás y a sí mismo.

 Entre los seguidores de las leyendas medievales es famosa una historia llamada "El pelícano en su piedad", donde el ave, para alimentar a sus crías, se abre el pecho y las mantiene vivas con su sangre. De manera similar, el escritor construye y presenta una historia que surge de sus recuerdos o invenciones y la comparte con el lector. ¿A cambio de qué? ¡A cambio de afecto o repulsión!

 Jaime Sabines confesó en entrevistas que, en muchas ocasiones, no se reconocía en sus propios poemas, como si hubieran sido escritos por otro. Esta idea la expresó en conversaciones con periodistas y críticos, particularmente en la entrevista realizada por Ana Cruz para el programa "Personajes y Escenarios" de Canal 22 (México, 1996). ¿Por qué dijo esto el poeta tuxtleco?

 Se me ocurre responder: "Porque escribir es un ejercicio metafísico, donde la escritura es la llave de acceso al misterio, a reinos desconocidos, a las profundidades del ser, al éter, a lo inaprensible, a lo eterno."

 Juan Villoro comparte en una entrevista en YouTube: ESCRIBIR CAMBIARÁ TU VIDA (AUNQUE NO SEAS ESCRITOR) - JUAN VILLORO

Según comenta Villoro, la escritura nos permite fortalecer el pensamiento crítico, procesar información y organizar ideas. Destaca la escritura como un medio de introspección, reflexión y gestión emocional.

 Un aspecto poco valorado en los beneficios de la escritura es la preservación de la memoria. La escritura ofrece la permanencia que la oralidad no puede proporcionar. Es como mirar fotografías, al observarlas nos cuesta reconocernos con el paso del tiempo, de la misma manera con la escritura o la lectura, nos cuesta identificarnos, creyendo que no tiene relación con nosotros, aunque existe un vínculo profundo, sólido y real con el lector.

 Cuando existimos, no somos completamente apreciados; somos ordinarios, pero dependiendo de quién nos ha visto, de quién atestigua nuestro paso por la vida y lo escribe, es cuando nos convertimos en mito y fantasía. Mientras vivimos, expresamos nuestros pensamientos con la energía de la voz o a través de nuestras acciones, pero al trascender, nos convertimos en ideas. ¿Ideas de quién? De quienes nos recuerdan, y si además quien nos recuerda lo escribe, es entonces cuando se completa el círculo. Ahí reside el potencial de la escritura.

 En la actualidad, donde se tiene acceso inmediato a numerosos recursos de aprendizaje que optimizan y resuelven necesidades digitales, hay algo que no se puede adquirir ni descargar: el talento, la ambición y la pasión.

 Al igual que en cualquier habilidad, es necesario comenzar desde el principio, paso a paso.

 Escribe sin saber el final. Hazlo como si te estuvieras concediendo un lujo, como el pollo que quiso comerse solo Macario (Bruno Traven/Macario). Escribe y disfruta. Disfruta y escribe, aunque no tengas un motivo concreto para escribir. Obsérvate a ti mismo, piensa o intenta imaginar qué piensan los demás de ti.

 Experimenta. Diviértete. Escribe una carta que te gustaría enviar a alguien y no la envíes. Guárdala, léela de nuevo, reescríbela, respóndete a ti mismo como te gustaría que te respondieran. ¿Te parece absurdo? ¿Quién dijo que no lo era? De todas formas, la vida puede ser absurda, y sin embargo, nadie lo anda pregonando.

 Escribe como si fueras un nadador que entrena, no para ganar un campeonato, sino para sentir la alegría de la frescura del agua en su cuerpo. No con un propósito utilitario, sino como un ejercicio recreativo.

 ¿Cuál es la lista de materiales para ser escritor? Los tienes todos: la mente, la imaginación, los recuerdos, los sueños, etcétera.

 

#EsdrasCamacho