martes, 12 de mayo de 2026

 Eran los 90

Eran los 90, y wannabe de Spice Girls, its my life, y how gee de Black Machine, se escuchaba en todas partes.   


Había muchas discos, (cada semana) o es mi percepción alterada que no me permite recordar con exactitud, pero más seguro, sí, si habían muchas noches de discos en los noventas. Eran aquellos días de éxitos de Caló y aquel mítico rap de “LA ABUELA”


Al pensarlo mejor, agradezco que mi mamá no me permitiera asistir a aquellas noches de discoteca tan comunes en mi generación. En ocasiones me decía: “Ve, pero quiero que estés en casa a las diez de la noche”. 


Y, yo iba, inseguro, oyendo desde una cuadra antes de llegar al local como sonaba la música esa típica mezcla de tarzan boy, Mi Bella Genio, Black Machine y Please don´t go. Y todo mundo afuera dando vueltas a la plazoleta, en cuartetos, en tercetos, en parejas y todos con la pregunta en la mente —¿Será que ya es hora de entrar?... y la respuesta inmediata del otro —No, esa onda empieza más tarde ya cuando van a dar las doce. Entonces yo veía el reloj y recordaba que solo tenía hasta las diez de la noche, me alejaba y les decía que yo iría a ver, y que, si no regresaba, es que ya era la hora de entrar. 


Como si fuera un conjuro, yo subía las escaleras, y el disc jockey, (como si me viese y supiese que tenía el tiempo en contra) programaba como siempre las mismas rolas, que a él, le gustaban, los mismos acetatos que quien sabe cómo había conseguido, pero que iba sacando en el mismo orden de siempre, como si fuese un ritual para espantar a quien quisiera bailar a esa hora. Esa otra hora era de esperar que terminara su lista de canciones que solo a él le interesaba, incluyendo de nueva cuenta “Tarzan boy”, “Las manos quietas” “Vamos a la playa” y “Conga” 


Algunas veces pensaba en quedarme después de las diez de la noche, para ver que tal se ponía el ambiente, aquella atmósfera de olor a cigarro y luces proyectadas y/o reflejadas por una bola de pedacitos de espejo recortados y pegados alrededor, esa esfera que en ocasiones se quedaba estática y no giraba más, provocando que el disck jockey fuera a revisar, bajarla, hacerle un puente y colocarla nuevamente, para saludar a los que se encontraba ya sea con su cigarro en mano o con su sonrisa amarillenta “ya quedó”. 


Pero desistía de quedarme, porque no fuera a ser que mi madre apareciera y sorprendiera a todos los presentes, diciendo, como lo hizo una vez, y que tuve que volverme casi a paso marcial, pegado a su costado, en silencio aceptando que esas noches fluían a un ritmo que no era el de mi mamá. Y todos escuchaban: —Te dije que te quería en casa a las diez, y mira qué hora es. Asi, salía yo con ella, y al pasar la primera cuadra, previo intercambio de miradas avergonzadas con los que aún estaban haciendo tiempo de entrar, escuchaba lo lejos la canción de Get Up o technotronic. 


Y también imaginaba las que vendrían despúes: Rithym is a dancer, aquella de oh la, la, la o, what is love. 


—¿Qué hubiese pasado, si hubiese tenido más tiempo de estar allí en medio de todos…ellos y ellas?... a veces darle un trago a la cerveza, un arrimón de pierna con alguna de las danzantes, o solo estar en alguna esquina viendo a todos bailar, beber y contonearse de forma sugestiva. 


De haber ido, me habría visto igual que todos: con aquellos pantalones holgados, practicando los pasos de moda y soñando que, aunque no fuera el alma de la fiesta, al menos sería quien elegía la música. Claro, nunca pondría canciones aburridas… yo le daría ese aire de Saturday Night que hacía brillar la pista


Era lo que todos hacían, pero a mí no me pasaba. Conmigo, eran otras cosas. Y aceptaba ese destino, sabedor de que tendría fecha de caducidad. Como filosofaba en aquella época y filósofo ahora. 


Cierro el libro y recuerdo el tema de “Double You” que me reconcilia con aquella época, en que conocí de 9 a 10 pm, algunas veces. 


Eran los 90, y wannabe de Spice Girls, its my life, y how gee de Black Machine, se escuchaba en todas partes.   


#EsdrasCamacho


jueves, 7 de mayo de 2026

¿Sabes cómo te amo?

 ¿Sabes cómo te amo?


Podría escribir…


Quiero decir que somos los protagonistas de una película cargada de erotismo, y somos los que descansan de vez en vez  y salen a caminar o pasear juntos, o con otras personas, mientras, aguardan el momento de ensabanarse, de encimarse, bajarse, entrometerse, deslizarse como aquel mito de uno que rodaba una roca circular a lo alto de la montaña, para luego soltarla y volverla a recoger para subirla infinitamente, y empezar otra vez a subir la pendiente, esa analogía me hace feliz, cuando digo que nuestra película es de acción concupiscente,  lubrica, carnal. 


Yo amándote  como un memo, un mentecato. Ninguna llave resuelve el misterio de la vida, más que el de tu sexo. 


Todas las metáforas me son pueriles en este momento. 


Me encanta recordar que habrá otro día, después de este para amarte. Porque me liberas y me atas, me recibes, me conduces y ese es el único bucle que quiero conocer. Convertido estoy en una represa, tengo para abastecer con garantía tu sed, los próximos años. Solo no me sueltes, solo trátame bien, solo sigue haciendo ese lujo de la humanidad que es el más carnal de los pecados, haz este camino al cielo, con tu flow. 


Te amo como un resucitado, como aquel que de los silencios emergió para escuchar y ser escuchado. 


Mi yerbita, mi agüita, mi lupita y mi maría, mi casa del sol naciente, mi ven porque te necesito. 


Mi elotito mi amor, mi mango de piña, mi papayita, mi disco duro, mi volcán, mi afrodita, mi coquita de vidrio, de botella verde. Mi pasito duranguense, mi misa domincal, mi to-be continued. Mi suero vida-oral. Mi m&m, mi vienneta, mi nieve de mamey. 


Mi romance II, mi yelowstone, mi drama coreano…mi adicción. 


Yo un barquito de papel, tú el arroyito. 


No me digan despierta mi bien despierta, no me digan lobo domesticado, no renunciaré, no. 


Tu la gran señora, yo el adultero. Tu la que despacha en la esquina, yo el que pregunta y no compra nada. Tu la que canta, yo el que aplaude, tu la de la Hummer, yo el de la bicicleta. Tú la guerita de Monterrey, yo tu colágeno.  


Tu dime:  6x6 y diré 36. Dí congélate y diré miso. Dime “no gusta pasar a tomar una tacita de café y yo diré, después de usted”. Dime que me amas, y yo diré que siga, que siga la 4t. Así sí. Mi vida. Mi Thalia, mi Salma Hayek, mi Cazzu. Mi inspiración. Mi aroma preferido. Mi salud. 


Yo un barquito de papel, tú el arroyito. 

martes, 17 de marzo de 2026

Alguna vez fuimos Ícaro volando tan alto… ¿Te acuerdas?

 

La idea de que la juventud es insolente, irrespetuosa y desdeñosa de la autoridad ha sido una crítica constante en todas las épocas y culturas. En la Biblia, escrita por hebreos e israelitas antes de Cristo, se aconseja a los jóvenes honrar a sus padres, se les advierte de los males que acarrea un mal comportamiento y se les insta a aceptar la disciplina para corregirse si no se moderan.

 

Un ejemplo clásico de esto es la parábola del hijo pródigo en Lucas 15, donde un hijo desafía la autoridad de su hogar, se aleja físicamente para experimentar la vida fuera y, al reflexionar, es recibido con amor por su padre.

 

En la cultura china, "Las Analectas de Confucio", escritas en el año 475 antes de Cristo, exponen la piedad filial como modelo de supervivencia y la necesidad de mantener la armonía a través de una ética y moral. Invitan a invocar la sabiduría para comprender el propósito de la vida.

 

En Mesoamérica, la cultura azteca, según Fray Bernardino de Sahagún en su interpretación del Código Florentino, se enseñaba a los jóvenes a ayudar a sus padres en las labores domésticas, a temer a los dioses, a ser diligentes en el trabajo, humildes en el espíritu, moderados en la alimentación, obedientes a los mayores y devotos de las deidades.

 

La rebeldía de los adolescentes está presente en todas las sociedades; ¿por qué ocurre esto? Es parte de la naturaleza humana. Los jóvenes desean explorar, experimentar diferentes estilos de vida, desafiar paradigmas y romper esquemas.

 

Herman Hesse, en "Siddhartha", narra cómo el hijo abandona a su padre en busca de su identidad. Con el paso del tiempo, al envejecer y pasar por lo mismo que hizo pasar a su padre, experimenta en carne propia la tristeza y el dolor del alejamiento de su hijo.

 

James Joyce, en su obra "Retrato del Artista Joven", semiautobiográfica sobre la formación de un artista, a través de su protagonista Stephen Dedalus, expone el concepto de "No serviré" (Non serviam) como base de su argumento. Este personaje se niega conscientemente a rendir pleitesía a lo que ya no cree, ya sea su hogar, su patria o su fe, marcando así un camino distinto al impuesto por su entorno.

 

¿Qué sucede en la mente de alguien que siente que su hogar lo asfixia, la escuela lo domestica, la religión lo manipula y la sociedad lo obliga a caminar en fila como un animal dócil? ¿Qué tan grande es su desprecio por las masas y sus normas anacrónicas, con tradiciones carentes de significado? Optan por perderse aunque los tilden de locos, en lugar de vivir bajo leyes que no les favorecen.

 

"La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo", expresó George Bernard Shaw. Rubén Darío reflexionó filosóficamente en su poema "Divino tesoro": "Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!" concluyendo que en la vejez ya no hay princesas que rescatar y toda la juventud se ha perdido en vanidades.

 

Las sensaciones vividas en esa etapa son turbulentas, incendiarias, destructivas, una energía sin rumbo definido. A veces parece que nada afecta al joven, pero en realidad sí lo hace; su coraza es fingir que no le importa. Parecen creer que el Edén es eterno, aunque tengan alas unidas con cera y muchas plumas.

 

El joven desconoce que su presente desaparecerá; evolucionará si tiene suerte. Habrá tiempo para desilusionarse, pero ahora su mundo está en desplazarse por la pantalla con sus amigos, en TikTok, snacks rápidos y fideos instantáneos. Actualmente, se encuentra en su laberinto.

 

Los Beatles cantaron en 1970 "Let it be" (Déjalo ser), animando a soltar la obsesión por controlarlo todo y hallar paz interior. Observar, pero permitir que las cosas sigan su curso, habrá tiempo para la sabiduría después, ahora están perdidos, asegurémonos de no desbordar el río. La juventud es perseguir fantasías, la adultez es construir sobre bases sólidas y la vejez es consolarse con los recuerdos de sus aventuras.

 

¿Lo reta? Está jugando, ¿Lo confronta? Está reconociendo el terreno. ¿Provoca? Esta cumpliendo un ritual.

 

Dejémosle sus greñas, su indisciplina, su desorden. Toleremos sus batallas. Más adelante, se regocijará en la paz, pero ahora está inmerso en su tormenta. Son sus tiempos.

 

Aguantémoslo. Así como nos soportaron en aquellos días, nuestros padres.

 

*EsdrasCamacho

miércoles, 28 de enero de 2026

Escriba Más

 Aunque existan escuelas que enseñan técnicas de narración, el oficio de escritor no es exclusivo de nadie, ni de ninguna formación educativa.

 La escritura con fines literarios constituye un ejercicio de catarsis. A través de ella, el autor plasma su interpretación personal del entorno y una reflexión íntima sobre la realidad. La obra literaria surge de la voz interior, una voz que, en muchas ocasiones, el propio escritor solo reconoce en el acto mismo de la creación.

 Uno de los aforismos más conocidos del psicoanalista francés Jacques Lacan dice: "El amor es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es". Yo lo reformulo: "Escribir es ofrecer la magia a alguien que quizás no comprenda (aunque en raras circunstancias, sí lo hará)". El acto de escribir es entregarse al otro, intimar con aquel que esté dispuesto a conocer y reconocer a los demás y a sí mismo.

 Entre los seguidores de las leyendas medievales es famosa una historia llamada "El pelícano en su piedad", donde el ave, para alimentar a sus crías, se abre el pecho y las mantiene vivas con su sangre. De manera similar, el escritor construye y presenta una historia que surge de sus recuerdos o invenciones y la comparte con el lector. ¿A cambio de qué? ¡A cambio de afecto o repulsión!

 Jaime Sabines confesó en entrevistas que, en muchas ocasiones, no se reconocía en sus propios poemas, como si hubieran sido escritos por otro. Esta idea la expresó en conversaciones con periodistas y críticos, particularmente en la entrevista realizada por Ana Cruz para el programa "Personajes y Escenarios" de Canal 22 (México, 1996). ¿Por qué dijo esto el poeta tuxtleco?

 Se me ocurre responder: "Porque escribir es un ejercicio metafísico, donde la escritura es la llave de acceso al misterio, a reinos desconocidos, a las profundidades del ser, al éter, a lo inaprensible, a lo eterno."

 Juan Villoro comparte en una entrevista en YouTube: ESCRIBIR CAMBIARÁ TU VIDA (AUNQUE NO SEAS ESCRITOR) - JUAN VILLORO

Según comenta Villoro, la escritura nos permite fortalecer el pensamiento crítico, procesar información y organizar ideas. Destaca la escritura como un medio de introspección, reflexión y gestión emocional.

 Un aspecto poco valorado en los beneficios de la escritura es la preservación de la memoria. La escritura ofrece la permanencia que la oralidad no puede proporcionar. Es como mirar fotografías, al observarlas nos cuesta reconocernos con el paso del tiempo, de la misma manera con la escritura o la lectura, nos cuesta identificarnos, creyendo que no tiene relación con nosotros, aunque existe un vínculo profundo, sólido y real con el lector.

 Cuando existimos, no somos completamente apreciados; somos ordinarios, pero dependiendo de quién nos ha visto, de quién atestigua nuestro paso por la vida y lo escribe, es cuando nos convertimos en mito y fantasía. Mientras vivimos, expresamos nuestros pensamientos con la energía de la voz o a través de nuestras acciones, pero al trascender, nos convertimos en ideas. ¿Ideas de quién? De quienes nos recuerdan, y si además quien nos recuerda lo escribe, es entonces cuando se completa el círculo. Ahí reside el potencial de la escritura.

 En la actualidad, donde se tiene acceso inmediato a numerosos recursos de aprendizaje que optimizan y resuelven necesidades digitales, hay algo que no se puede adquirir ni descargar: el talento, la ambición y la pasión.

 Al igual que en cualquier habilidad, es necesario comenzar desde el principio, paso a paso.

 Escribe sin saber el final. Hazlo como si te estuvieras concediendo un lujo, como el pollo que quiso comerse solo Macario (Bruno Traven/Macario). Escribe y disfruta. Disfruta y escribe, aunque no tengas un motivo concreto para escribir. Obsérvate a ti mismo, piensa o intenta imaginar qué piensan los demás de ti.

 Experimenta. Diviértete. Escribe una carta que te gustaría enviar a alguien y no la envíes. Guárdala, léela de nuevo, reescríbela, respóndete a ti mismo como te gustaría que te respondieran. ¿Te parece absurdo? ¿Quién dijo que no lo era? De todas formas, la vida puede ser absurda, y sin embargo, nadie lo anda pregonando.

 Escribe como si fueras un nadador que entrena, no para ganar un campeonato, sino para sentir la alegría de la frescura del agua en su cuerpo. No con un propósito utilitario, sino como un ejercicio recreativo.

 ¿Cuál es la lista de materiales para ser escritor? Los tienes todos: la mente, la imaginación, los recuerdos, los sueños, etcétera.

 

#EsdrasCamacho