viernes, 24 de julio de 2026

Los muertos se reúnen a llorar por sus vivos

 “Los muertos se reúnen a llorar por sus vivos.”

#Odiseas Posmodernas

“Los muertos se reúnen a llorar por sus vivos.” Le dice Tiresias a Ulises, cuando él se acerca al inframundo. — Frase añadida por Christopher Nolan en su película La Odisea.

 

La frase me impactó. Solo aquel que ha pasado por episodios de muerte pone atención, en mi caso es el fallecimiento de mi padre.

 

Recuerdo que mi papá nos llevaba al cine a mediados de los ochenta, al cine Tapachula, donde proyectaban tres o cuatro películas seguidas. Para nosotros era un agasajo, ya que ni sentíamos cómo pasaban las horas, simplemente estábamos fascinados por la experiencia de ver tres películas por el precio de una.

 

Era temporada de vacaciones, y nos alojábamos en un hotel.  El paseo incluía ir a la playa temprano, entendía que era una inversión fuerte, por eso, en mi caso cuando me pasaban el menú para elegir alimentos en los restaurantes, pedía el de menor precio.

 

No recuerdo haber visto más películas en el cine con mi papá, más que en aquella edad de 8 o 10 años. Más tarde me dijo que no le atraía, que le parecía una pérdida de tiempo. A él le gustaban las luchas y el futbol.

 

En los 90, las televisoras rivalizaban y creo entender que se habían aliado con alguna asociación promotora de lucha libre, mostraba carteleras distintas, en una la Triple A, y en otra la de la Comisión Mundial de Lucha Libre, a veces eran los mismos luchadores, a veces era distinto. Recuerdo a Cien caras, Latin Lover, Dr. Wagner, Pierroth Junior, Konan, Rayo de Jalisco Jr, Atlantis, El perro aguayo, Brazo de oro, Satánico, La Parka, entre otros.

 

Su manera de estar cerca el de nosotros y nosotros con él, era a través del paseo, la comida, la televisión. Por eso algunas veces, nosotros que habíamos quedado en el hogar con mi madre, cuando ellos se separaron, creíamos que nos resultaba más estimulante vivir a su lado siempre, a su lado no había obligaciones, no había quehaceres, todo era agasajo, placer.

 

Nos hablaba desde primeras horas del sábado o del domingo. —¡Vénganse, a las diez comienzan las luchas!. Para esa hora, ya había ido a la carnicería por al menos dos kilos de carne, cortada en tajos, “raleada”, ya tenía, o estaba terminando de preparar la ensalada con rábanos, pepino, quesillo y/o tomate. El fuego en la parrilla estaba en su mejor momento, las cebollas, las tortillas y el chile, dorándose.

 

Entonces se escuchaba los vítores, el tema Eye Of The Tiger, los aplausos y el comentador diciendo “Lucharán a ganar dos de tres caídas, sin límite de tiempo”. Presentaban a los capitanes de la escuadra ruda y después la de los técnicos.  

 

Nosotros ya expectantes al espectáculo mordíamos uno y otro pedazo de carne, aderezado con guacamole y chirmol. Y los comentaristas con un estilo carnavalesco adornaban sus expresiones con palabras domingueras, frases chuscas, apelativos, donde mostraban que ellos también estaban disfrutando del momento. El festín duraba dos horas, y era ritual que cada sábado a las diez se repitiera.

 

—Esto es un show, pero también es lo que el mundo es. Por ejemplo, ellos se enfrentan con supuesta ira en el ring, pero en los vestidores, están de acuerdo en cada uno de sus movimientos, todo está planeado. Sabemos que es mentira todo, pero en la vida, que cosa no lo es. Nos decía.

 

En la temporada universitaria, mi hermana y yo migramos de ciudad, pero el ritual se renovaba cuando llegábamos de vacaciones o de visita inesperada, más tarde nos sacaba en su vehículo a respirar aire fresco a las comunidades más apartadas de la ciudad, donde el frescor y verdor las montañas nos extasiaban con su exuberancia. Mientras nos decía: “Desde aquí se ve distinto, allá estamos hipnotizados, ocupados en cosas urgentes quizá pero no importantes, lo importante no se reconoce con facilidad”.  

 

El tiempo pasa, maduramos, nos crecen hijos, aumentan nuestras responsabilidades, los rituales expiran. La vida sigue.

 

Y de pronto llega una conversación en una película de ficción que nos sacude, nos estremece, nos dice y que tal que como dicen que ocurre, el amor vence la muerte, y desde un no sé dónde está mi padre, pensando en mí, en sus vivos. Los que le han sobrevivido y juntamos sus recuerdos para comprender su legado.

 

 No creo que me llore, él no lloraba por casi nada, y… yo tampoco.

[Esdras Camacho]

 

jueves, 23 de julio de 2026

La edad de la punzada

 Para mí la máxima ambición de la vida era tener un trabajo de chofer.

Porque tenía dos ventajas. La primera, manejar un hipercarrérrimo… 

y la segunda, que te coges a la señora de la casa.”

—Eusebio Ruvalcaba/Un Hilito de sangre

Primero somos tímidos, inocentes, callados, unos ángeles sin alas, pero de los catorce a los veintitantos somos beneficiarios de “La Edad de la Punzada”, esa en que la hormona manda, esa en la que el mundo importa poco, pueden irse al demonio todos, toda autoridad, toda jerarquía, toda norma, todo límite, toda restricción, toda disciplina, censura, todos, en realidad todos. Lo único que importa es la aventura, el riesgo, lo exótico, la transgresión, lo verdadero. 

De todas las hormonas las reinas son: la testosterona, la progesterona, todas deben obedecer. Es el intercambio de fluidos el interés supremo en hombres y mujeres. El jocoso mantra es: ¡El sexo alarga la vida…Ven aquí que te haré inmortal!

El deseo es una necesidad, y la necesidad es hambre; existe una sensación de carencia, de insaciable, un “yo no sé, pero algo me ocurre; ese algo es más grande y más fuerte que toda mi vida”. Es una etapa asombrosa, sí, pero también arriesgada y peligrosa; metafóricamente se juega a la ruleta rusa a diario, se apuesta a ganar, se lo apuesta todo. “LAS AVES DE LA NOCHE ESTÁN LLAMANDO”, decía Pink Floyd en su tema “Fat Old Sun”. Esa sensación que se experimenta puede ser el abismo para algunos y, para otros, el cambio de rumbo hacia otra etapa de la vida. 

Es extravío, es desconsuelo, es encanto, es impaciencia, es hastío, es arrogancia, es incendio, es espanto, es temor, es angustia, es neblina, es soleado, es estático y es fluido, es  gloria y es infierno, es silencio y grito, es el cielo, es llanto, es el éxtasis, es amor, es candor, es mentira y es dolor, es alegría y es olvido, es esperanza y pesimismo, es quietud y arrebato, aburrimiento, desinterés, ira, energía, contención, inseguridad, asombro, desatino, diversión, desgracia, orgullo, cúspide y túneles, elevación y descenso, serenidad y paroxismo, locura, ternura, desesperación, muerte, vida, pasión, desconsuelo, gozo, tormento, amargo, dulce todo al mismo tiempo a veces y casi siempre. 

Para abordar el caso hay recetas, hay instructivo, si hay testimonios, libros, manuales, ensayos, conferencias, talleres, tratados, manuscritos, terapia, circulo de ayuda, hay apoyo, hay entrevistas, hay   material de estudios, coaching ontológicos, filosóficos, etcétera… pero nada sirve.  Hay que estar inmerso, in situ, vivir la experiencia, hay que sumergirse, flotar, resistir, insistir, hay que andar a ciegas, equivocarse, desandar, rehacer, experimentar, recuperar, intentar, estar presente. 

Que bella es la dichosa edad de la punzada.  Nada importa, nada vale, todo es incertidumbre, todo es laberinto, libertad y exquisitez. Es un geiser a cielo abierto, la irreverencia andando, el gran yo son quien soy y no me parezco a nadie, el cielo tengo por techo, nomás el sol por cobija. 

De allí brota la nostalgia eterna, la chavorruquez: la añoranza de aquellos días en que el cansancio no existía y presumíamos el preciado tesoro de nuestra juventud, el milagro de los panes y los peces renovándose a cada instante. Jugamos a ser vagabundos, ladrones, prostitutos. Sexo, alcohol y rock era nuestro alimento; En esos tiempos, el único mandamiento sagrado que importaba era “[…] Sean fecundos y multiplíquense”.

El novelista Eusebio Ruvalcaba escribió alguna vez, “Chavos Fajen no estudien: “Fajen. Fajen a lo bestia. Mastúrbense. Huelan a las mujeres. Olfatéenlas. Síganlas. Por el puro olor. Por el puro amor a esas piernas maravillosas, cachondísimas”.  

¿A quién no le gusta la edad de la punzada? A los adultos. A los encorbatados, los entacuchados, de pelo engominado, a los santurrones, a las damas de gran reputación que olvidaron los días hermosos y emocionantes en que reían a carcajadas, en que se hacía el amor en lugares inesperados, cuando pisaban a fondo el acelerador, destapando botellas con genios que concedían quinientos deseos; cuando respeto y solemnidad no formaban parte de su vocabulario. 

¿Y por qué los adultos reniegan de la edad de la punzada? Pues, claro, por envidia… maldicen aquellos días lejanos en los que improvisaban cantos y danzas. Cuando seguros de tener cartas macadas, retaban a Dios a una partida, a ver si había más universo que los sostuviera. Cuando del mar se les hizo pequeño para echarse un buche de agua, cuando se sintieron reyes de su banqueta y de la de enfrente. Sí, se desperdiciaba la vida, pero sobraba tiempo, y al fin y al cabo, tampoco valía tanto.

Y al final, resignados, agachan la mirada y se sientan a numerar lo que ya no están en edad de ejercer. 

Y, veme hoy amor aquí. Dichosa y rebelde, sigue latiendo dentro de mí, callada y ausente como el poema más hermoso de todos, que no termino más de escribir.  

#Esdras Camacho.

sábado, 11 de julio de 2026

No aspiro a dar consejos

Me encuentro en la escena 4 del acto 2, con la esperanza de concluir con éxito todas las escenas del tercer acto. Se me viene a la mente aquella frase de Shakespeare: “La vida es teatro”. La existencia consta de primer y segundo acto, entremés, pausa para hidratarse, tercer acto y desenlace.

 

La eterna pregunta que atormenta a la juventud: ¿Qué quieres ser en el futuro? Las respuestas rara vez son acertadas. Abogado, doctor, licenciado en administración de empresas turísticas.

 

Yo mismo me vi y sigo viendo enfrentado a esta pregunta. Me interrogaba y, en esos años adolescentes, soñaba con ser locutor de una emisora de radio, fotógrafo de algún periódico, o actor de teatro: la actuación me fascinó en gran medida y sigue haciéndolo.

 

A mi generación le era muy divertido responder como lo hacían los comediantes de las televisoras.

      Mmmmh. De grande… ya sé. Seré viejito.

 

Casi nadie sabía cómo lograr sus sueños, solo era responder. Como cuando en la cancha, te llega el balón y lo pasas a alguien más así… como cuando señalas el resplandor del sol al horizonte.

 

En casi todas las familias la preocupación de los padres es influenciar a sus menores hijos para que elijan, decida, proyecten un estilo de vida superior a lo que ellos asumen como pobreza, carencia o dificultades. Es el desasosiego de los padres lo que hace que torturen a sus hijos en el sentido de ser lo que tendrían que ser. 

 

Detrás de cada profesionista, hay una historia. “Nene ¿Qué vas hace cuando seas grande?, entonaba miguel Mateos en la década de los ochenta. La letra habla de esa exigencia de tener éxito, la incertidumbre y la amenaza de ser un perro fracasado.

 

La expectativa era en la mayoría de los casos esperanzadora.

 

 

padre modelo en cuanto la motivación para perseguir sueños y metas en la vida.

 

En la secundaria descubrí el teatro, y quería yo dedicarme a eso. En la Prepa elegí el área de Ciencias Sociales, porque se me hace igual de importante e infravalorada por sobre las Matemáticas y la Química, (más imaginación, más poder). Estudié Ciencias de la Comunicación que es también suma, resta y equivalentes, pero desde el aspecto humano.

 

Yo no pensé en ser presidente, ni estrella de rockanroll, yo soñaba ser un juglar, un bufón, un antihéroe. ¡Eso! Y si pagaran por leer…o escribir, yo de grande hubiese querido elegir eso.  Pero ¿Pagarían por eso?

 

Mis padres, tuvieron paciencia suficiente y el  tino para aceptar y entender que lo mio era eso, la comunicación interpersonal, extrapersonal, organizacional, etcétera.

 

A los 21 años, recién había concluido la carrera, me encontraba haciendo el servicio social en el departamento de Comunicación de la Dirección General del Colegio de Bachilleres de Chiapas. Un día, un maestro (que fungía como Director de un plantel) llegó urgido porque necesitaba para la semana siguiente un profesor de Redacción e Inglés. Todos voltearon a verme, señalándome con el dedo al reconocer que poseía ambas habilidades. Así es como inicié en el año 2000 mi carrera como profesor.

 

Continué ejerciendo mis múltiples facetas. He estado en la cabina de radio, he realizado cápsulas informativas, entrevistas, reportajes, escrito artículos, guiones de cortometrajes, y en la fotografía he hallado placer; he encontrado lo positivo en cada uno de estos ámbitos.

 

Ahora, me siento en la escena 4 del acto 2. Espero cerrar con palmas batientes todas las escenas del tercer acto.

 

No aspiro a dar consejos, pero: no se preocupen tanto por entender lo que están haciendo, simplemente háganlo. Produzcan, creen, sigan avanzando, recorran la vida con pasión, con determinación, con perseverancia. No se desanimen ni se angustien, porque el futuro surgirá inventado, renovado, transformado. Simplemente "Descubran lo que aman". Entra en estado de flujo y lo demás llegará por añadidura. Y al mirar hacia atrás, descubrirán que ya han trazado un camino.

 

Como aquellos niños que se entretienen armando figuritas con piezas de un rompecabezas, o construyen edificios de juguete con piezas pequeñas de plástico siempre he creído que se nos concede nosotros la vida, como fragmentos de un todo. Al final se ve completo.

 

Y, papás, recuerden: no es sencillo elegir “¿Qué vas a hacer cuando seas grande?” Aconsejen a sus bodoques, pero de tal forma en que no se traumaticen con la presión.

 

#EsdrasCamacho

martes, 7 de julio de 2026

Soñar es una mina de oro

 Soñar es una mina de oro


A veces decimos —Te soñé ayer

—¿Cómo fue?

—Ya no me acuerdo.

 

Todos compartimos el placer de dormir y soñar. Aquel que afirma que nunca sueña, se equivoca, sueña, solo que no recuerda.

 

El bello y misterioso acto de imaginar, crear y producir obras de arte se encuentra en el proceso de soñar, según han confesado distintos creadores en repetidas ocasiones. Soñar es una mina de oro.

 

Dormir y soñar es como patinar en una pista de hielo en modo experto, surfear en un océano de posibilidades, sembrar habichuelas y luego trepar a las alturas de la fantasía para contemplar y sentir la realidad de una forma diferente, más allá de lo “real”. 


A veces, soñamos de una manera tan hermosa y placentera que, en el momento más álgido, algo nos saca de ese instante de éxtasis pleno. Deseamos con fervor recuperar el sueño. Otras veces, incluso llegamos a maldecir por la frustración al ser arrancados de ese territorio.

 

En los relatos bíblicos, hay episodios donde los personajes tienen sueños proféticos. José, antes de ser vendido como esclavo, tuvo unos sueños que parecían anticipar su futuro (Génesis 37); en la epopeya de Gilgamesh (Mesopotamia), el rey Gilgamesh experimenta sueños premonitorios recurrentes antes de enfrentarse a grandes peligros; en el mito fundacional del imperio azteca, Huitzilopochtli guio a los mexicas en su peregrinación a través de sueños y revelaciones a sus sacerdotes.

 

Santa Teresa de Jesús, canonizada en 1622 y fundadora de la orden religiosa de los carmelitas descalzos, escribió bellas composiciones literarias entrelazando ascetismo, misticismo y visiones proféticas. Solía llegar al éxtasis y arrobamiento espiritual mediante la oración, el ayuno y la vigilia, conceptos clave para esa percepción alterada que la condujo al conocido éxtasis sobrenatural.

 

¿Son los sueños el ingrediente secreto de las obras de arte? Sí. En Wikipedia.org, existe una lista de obras basadas en sueños donde destacan casos como el de Mary Shelley en 1816, cuando tuvo un sueño inquietante durante un verano con otros escritores: veía a un estudiante pálido arrodillado frente a la criatura que él mismo había creado, hecho que inspiró su famosa novela Frankenstein. Algo similar le ocurrió a Paul McCartney en 1965: despertó con una melodía completa sonando en su cabeza y que resultó ser "Yesterday". Salvador Dalí decía que sus cuadros eran como “fotografías de sueños”, y obras icónicas como “La persistencia de la memoria” o “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada” surgieron de su fascinación por lo onírico.

 

La tabla periódica, creación de Mendeleyev, es un ejemplo: “Vi en un sueño una tabla en la que todos los elementos encajaban en su lugar. Al despertar, lo anoté todo inmediatamente en una hoja de papel”. La lista de Wikipedia es incompleta, pues no abarca todas las ocurrencias y transmutaciones de ideas que los seres humanos expresamos espontáneamente a cada paso que damos. Poseemos dones, pero están tan ocultos en el mundo de los sueños que no creemos que sean reales.

 

¿Qué sucedería si utilizáramos correctamente lo que nos revelan los sueños? ¿Y si descubriéramos la técnica para extraer de los sueños las grandezas a las que estamos destinados? Sería necesario valorar más nuestros sueños, que son como un espejo negro de nuestras ambiciones, temores y proyecciones.  Si prestamos atención, podríamos descubrir toda su influencia en nuestras acciones cotidianas.

 

Deberíamos organizarnos, sistematizarnos, provocar los sueños y avivar la llama de la imaginación. Cuántas maravillas aguardan por ser creadas, cuántas teorías por ser descubiertas, cuánta capacidad humana yace adormilada, desconocida y en reposo mientras no exploremos nuestros sueños, mientras no bebamos del gran misterio que supone dormir y soñar…Alucinante ¿no? y además es ¡Gratis! De verdad.

 

#EsdrasCamacho

martes, 12 de mayo de 2026

 Eran los 90

Eran los 90, y wannabe de Spice Girls, its my life, y how gee de Black Machine, se escuchaba en todas partes.   


Había muchas discos, (cada semana) o es mi percepción alterada que no me permite recordar con exactitud, pero más seguro, sí, si habían muchas noches de discos en los noventas. Eran aquellos días de éxitos de Caló y aquel mítico rap de “LA ABUELA”


Al pensarlo mejor, agradezco que mi mamá no me permitiera asistir a aquellas noches de discoteca tan comunes en mi generación. En ocasiones me decía: “Ve, pero quiero que estés en casa a las diez de la noche”. 


Y, yo iba, inseguro, oyendo desde una cuadra antes de llegar al local como sonaba la música esa típica mezcla de tarzan boy, Mi Bella Genio, Black Machine y Please don´t go. Y todo mundo afuera dando vueltas a la plazoleta, en cuartetos, en tercetos, en parejas y todos con la pregunta en la mente —¿Será que ya es hora de entrar?... y la respuesta inmediata del otro —No, esa onda empieza más tarde ya cuando van a dar las doce. Entonces yo veía el reloj y recordaba que solo tenía hasta las diez de la noche, me alejaba y les decía que yo iría a ver, y que, si no regresaba, es que ya era la hora de entrar. 


Como si fuera un conjuro, yo subía las escaleras, y el disc jockey, (como si me viese y supiese que tenía el tiempo en contra) programaba como siempre las mismas rolas, que a él, le gustaban, los mismos acetatos que quien sabe cómo había conseguido, pero que iba sacando en el mismo orden de siempre, como si fuese un ritual para espantar a quien quisiera bailar a esa hora. Esa otra hora era de esperar que terminara su lista de canciones que solo a él le interesaba, incluyendo de nueva cuenta “Tarzan boy”, “Las manos quietas” “Vamos a la playa” y “Conga” 


Algunas veces pensaba en quedarme después de las diez de la noche, para ver que tal se ponía el ambiente, aquella atmósfera de olor a cigarro y luces proyectadas y/o reflejadas por una bola de pedacitos de espejo recortados y pegados alrededor, esa esfera que en ocasiones se quedaba estática y no giraba más, provocando que el disck jockey fuera a revisar, bajarla, hacerle un puente y colocarla nuevamente, para saludar a los que se encontraba ya sea con su cigarro en mano o con su sonrisa amarillenta “ya quedó”. 


Pero desistía de quedarme, porque no fuera a ser que mi madre apareciera y sorprendiera a todos los presentes, diciendo, como lo hizo una vez, y que tuve que volverme casi a paso marcial, pegado a su costado, en silencio aceptando que esas noches fluían a un ritmo que no era el de mi mamá. Y todos escuchaban: —Te dije que te quería en casa a las diez, y mira qué hora es. Asi, salía yo con ella, y al pasar la primera cuadra, previo intercambio de miradas avergonzadas con los que aún estaban haciendo tiempo de entrar, escuchaba lo lejos la canción de Get Up o technotronic. 


Y también imaginaba las que vendrían despúes: Rithym is a dancer, aquella de oh la, la, la o, what is love. 


—¿Qué hubiese pasado, si hubiese tenido más tiempo de estar allí en medio de todos…ellos y ellas?... a veces darle un trago a la cerveza, un arrimón de pierna con alguna de las danzantes, o solo estar en alguna esquina viendo a todos bailar, beber y contonearse de forma sugestiva. 


De haber ido, me habría visto igual que todos: con aquellos pantalones holgados, practicando los pasos de moda y soñando que, aunque no fuera el alma de la fiesta, al menos sería quien elegía la música. Claro, nunca pondría canciones aburridas… yo le daría ese aire de Saturday Night que hacía brillar la pista


Era lo que todos hacían, pero a mí no me pasaba. Conmigo, eran otras cosas. Y aceptaba ese destino, sabedor de que tendría fecha de caducidad. Como filosofaba en aquella época y filósofo ahora. 


Cierro el libro y recuerdo el tema de “Double You” que me reconcilia con aquella época, en que conocí de 9 a 10 pm, algunas veces. 


Eran los 90, y wannabe de Spice Girls, its my life, y how gee de Black Machine, se escuchaba en todas partes.   


#EsdrasCamacho


jueves, 7 de mayo de 2026

¿Sabes cómo te amo?

 ¿Sabes cómo te amo?


Podría escribir…


Quiero decir que somos los protagonistas de una película cargada de erotismo, y somos los que descansan de vez en vez  y salen a caminar o pasear juntos, o con otras personas, mientras, aguardan el momento de ensabanarse, de encimarse, bajarse, entrometerse, deslizarse como aquel mito de uno que rodaba una roca circular a lo alto de la montaña, para luego soltarla y volverla a recoger para subirla infinitamente, y empezar otra vez a subir la pendiente, esa analogía me hace feliz, cuando digo que nuestra película es de acción concupiscente,  lubrica, carnal. 


Yo amándote  como un memo, un mentecato. Ninguna llave resuelve el misterio de la vida, más que el de tu sexo. 


Todas las metáforas me son pueriles en este momento. 


Me encanta recordar que habrá otro día, después de este para amarte. Porque me liberas y me atas, me recibes, me conduces y ese es el único bucle que quiero conocer. Convertido estoy en una represa, tengo para abastecer con garantía tu sed, los próximos años. Solo no me sueltes, solo trátame bien, solo sigue haciendo ese lujo de la humanidad que es el más carnal de los pecados, haz este camino al cielo, con tu flow. 


Te amo como un resucitado, como aquel que de los silencios emergió para escuchar y ser escuchado. 


Mi yerbita, mi agüita, mi lupita y mi maría, mi casa del sol naciente, mi ven porque te necesito. 


Mi elotito mi amor, mi mango de piña, mi papayita, mi disco duro, mi volcán, mi afrodita, mi coquita de vidrio, de botella verde. Mi pasito duranguense, mi misa domincal, mi to-be continued. Mi suero vida-oral. Mi m&m, mi vienneta, mi nieve de mamey. 


Mi romance II, mi yelowstone, mi drama coreano…mi adicción. 


Yo un barquito de papel, tú el arroyito. 


No me digan despierta mi bien despierta, no me digan lobo domesticado, no renunciaré, no. 


Tu la gran señora, yo el adultero. Tu la que despacha en la esquina, yo el que pregunta y no compra nada. Tu la que canta, yo el que aplaude, tu la de la Hummer, yo el de la bicicleta. Tú la guerita de Monterrey, yo tu colágeno.  


Tu dime:  6x6 y diré 36. Dí congélate y diré miso. Dime “no gusta pasar a tomar una tacita de café y yo diré, después de usted”. Dime que me amas, y yo diré que siga, que siga la 4t. Así sí. Mi vida. Mi Thalia, mi Salma Hayek, mi Cazzu. Mi inspiración. Mi aroma preferido. Mi salud. 


Yo un barquito de papel, tú el arroyito. 

martes, 17 de marzo de 2026

Alguna vez fuimos Ícaro volando tan alto… ¿Te acuerdas?

 

La idea de que la juventud es insolente, irrespetuosa y desdeñosa de la autoridad ha sido una crítica constante en todas las épocas y culturas. En la Biblia, escrita por hebreos e israelitas antes de Cristo, se aconseja a los jóvenes honrar a sus padres, se les advierte de los males que acarrea un mal comportamiento y se les insta a aceptar la disciplina para corregirse si no se moderan.

 

Un ejemplo clásico de esto es la parábola del hijo pródigo en Lucas 15, donde un hijo desafía la autoridad de su hogar, se aleja físicamente para experimentar la vida fuera y, al reflexionar, es recibido con amor por su padre.

 

En la cultura china, "Las Analectas de Confucio", escritas en el año 475 antes de Cristo, exponen la piedad filial como modelo de supervivencia y la necesidad de mantener la armonía a través de una ética y moral. Invitan a invocar la sabiduría para comprender el propósito de la vida.

 

En Mesoamérica, la cultura azteca, según Fray Bernardino de Sahagún en su interpretación del Código Florentino, se enseñaba a los jóvenes a ayudar a sus padres en las labores domésticas, a temer a los dioses, a ser diligentes en el trabajo, humildes en el espíritu, moderados en la alimentación, obedientes a los mayores y devotos de las deidades.

 

La rebeldía de los adolescentes está presente en todas las sociedades; ¿por qué ocurre esto? Es parte de la naturaleza humana. Los jóvenes desean explorar, experimentar diferentes estilos de vida, desafiar paradigmas y romper esquemas.

 

Herman Hesse, en "Siddhartha", narra cómo el hijo abandona a su padre en busca de su identidad. Con el paso del tiempo, al envejecer y pasar por lo mismo que hizo pasar a su padre, experimenta en carne propia la tristeza y el dolor del alejamiento de su hijo.

 

James Joyce, en su obra "Retrato del Artista Joven", semiautobiográfica sobre la formación de un artista, a través de su protagonista Stephen Dedalus, expone el concepto de "No serviré" (Non serviam) como base de su argumento. Este personaje se niega conscientemente a rendir pleitesía a lo que ya no cree, ya sea su hogar, su patria o su fe, marcando así un camino distinto al impuesto por su entorno.

 

¿Qué sucede en la mente de alguien que siente que su hogar lo asfixia, la escuela lo domestica, la religión lo manipula y la sociedad lo obliga a caminar en fila como un animal dócil? ¿Qué tan grande es su desprecio por las masas y sus normas anacrónicas, con tradiciones carentes de significado? Optan por perderse aunque los tilden de locos, en lugar de vivir bajo leyes que no les favorecen.

 

"La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo", expresó George Bernard Shaw. Rubén Darío reflexionó filosóficamente en su poema "Divino tesoro": "Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver!" concluyendo que en la vejez ya no hay princesas que rescatar y toda la juventud se ha perdido en vanidades.

 

Las sensaciones vividas en esa etapa son turbulentas, incendiarias, destructivas, una energía sin rumbo definido. A veces parece que nada afecta al joven, pero en realidad sí lo hace; su coraza es fingir que no le importa. Parecen creer que el Edén es eterno, aunque tengan alas unidas con cera y muchas plumas.

 

El joven desconoce que su presente desaparecerá; evolucionará si tiene suerte. Habrá tiempo para desilusionarse, pero ahora su mundo está en desplazarse por la pantalla con sus amigos, en TikTok, snacks rápidos y fideos instantáneos. Actualmente, se encuentra en su laberinto.

 

Los Beatles cantaron en 1970 "Let it be" (Déjalo ser), animando a soltar la obsesión por controlarlo todo y hallar paz interior. Observar, pero permitir que las cosas sigan su curso, habrá tiempo para la sabiduría después, ahora están perdidos, asegurémonos de no desbordar el río. La juventud es perseguir fantasías, la adultez es construir sobre bases sólidas y la vejez es consolarse con los recuerdos de sus aventuras.

 

¿Lo reta? Está jugando, ¿Lo confronta? Está reconociendo el terreno. ¿Provoca? Esta cumpliendo un ritual.

 

Dejémosle sus greñas, su indisciplina, su desorden. Toleremos sus batallas. Más adelante, se regocijará en la paz, pero ahora está inmerso en su tormenta. Son sus tiempos.

 

Aguantémoslo. Así como nos soportaron en aquellos días, nuestros padres.

 

*EsdrasCamacho