jueves, 24 de septiembre de 2026

19 años: una moneda al aire en vuelo infinito.

 19 años: una moneda al aire en vuelo infinito. 


Fui a la prepa invitado por Nelson, mi vecino de habitación. En ese tiempo yo estaba, procedente de mi natal "San Francisco Motozintla", cursando 4° Semestre de licenciatura en el turno vespertino y él, el 5° semestre de prepa, andaba yo en mis 19, y él en sus diecisiete. —Pasas por otro estudiante igual que todos, aún tienes la facha. Me dijo yo entonces acepté. Era el añ0 1997

Un día en que no tuve clases, después de que me había insistido mucho, le dije que me prestara una de sus playeras de uniforme, el pantalón debía de ser mezclilla azul y allá vamos. 

Durante mis años en la universidad, me encontré con profesores que se tomaban demasiado en serio su rol. Esperaban moldearnos en mercadólogos, publicistas, redactores, comunicadores organizacionales, presentadores de noticias, reporteros, críticos de cine, fotoperiodistas, teóricos de la comunicación, de la sociedad, filósofos, y mucho más. Eran nudos enredados que resultaba complicado deshacer, y a mí nunca me atrajo lo complejo.

La universidad para el foráneo confiere una parquedad al rostro, pues los estudios que se toman, son los importantes para el destino de un ciudadano, y, yo sin saberlo había empezado a tener cara de universitario. No lo sé, no lo quería reconocer, para mí la vida era una moneda al aire en vuelo infinito. 

Podrían decirme, ya es usted un señorcito, pero lo mío era explorar, atisbar, curiosear, fisgonear, vivir mi propia película parecida a “Calabacitas Tiernas”. Según datos verificados la adolescencia termina oficialmente entre los 19 y los 27 años, así que sí, me movía en ese rango. Sin contar que aún tenía muchas primaveras guardadas en la segunda y tercera temporada de la pos adolescencia, pero esa es otra historia. 

El portero que tenía muy buen ojo puso en duda que fuese yo estudiante, me atajó y me dijo —Y, este ¿Quién es? Prontamente Nelson que venía pegado ami, dijo es un estudiante nuevo, apenas ayer sus papás vinieron a inscribirlo. El portero accedió pero en su mirada se notaba el “Te voy a vigilar”. 

La luz del sol a las 3:30 de la tarde se filtraba con fuerza por la rendija del aula. Todos los demás alumnos estaban pendientes de mí y de mi reacción. Cuando llegó el maestro y notó la expectación en el ambiente, decidió hacer el pase de lista. Al percatarse de que yo no pertenecía al grupo, me señaló y pidió que recordara de qué había tratado la clase anterior. Al responder que era nuevo, los otros alumnos confirmaron la afirmación.

El maestro, que enseñaba física o matemáticas (yo qué sé, ninguna de esas, eran de mi agrado, por eso me había inscrito en Ciencias de la Comunicación, lejos de ecuaciones y logaritmos), me llamó al frente y me pidió resolver una ecuación. En ese momento lamenté haber aceptado acompañar a Nelson como intruso en esa respetable institución. Ante mi confesión de ignorancia, insistió en que debía tener algún conocimiento, proveniente de algún tema similar en mi escuela anterior. Todos me miraban, el profesor con tiza en mano seguía instando: “Pase, pase”.

Miré a Nelson, que me animaba diciendo que diera el paso, que el que nada sabe, nada teme. Así me vi frente a todos, con la tiza en la mano y la tarea de resolver una ecuación, empezando por hallar la raíz cuadrada de 2445. Fue evidente mi falta de habilidad:

—¿No sabes sacar la raíz cuadrada?
—No.
—¿Sabes la diferencia entre un rectángulo y un cuadrado?
—Sí.
—Pues ahí está el comienzo, continúa a partir de ahí.

En mi interior, pedí ayuda a todos los santos, prometiendo que no me aventuraría de nuevo de esa manera si lograba salir airoso de aquella situación.

—Ayúdenle a su compañero, dijo el maestro.

Mientras miraba a los demás, sus gestos de apoyo parecían un código encriptado para mí. La situación se hizo interminable.

—Regrese a su lugar, ya hablaremos más tarde, sentenció el profesor.

Ya a la hora del recreo. Fui por al sanitario a cambiarme de ropa y salí muy digno por la entrada, diciendo que no era yo estudiante de la prepa, ni de ninguna otra en el país. 


jueves, 3 de septiembre de 2026

Pero que necesidad.

 

A todos nos gusta las historias, reales o no, pero deben de ser simpáticas, emotivas, conmovedoras, llenas de lágrimas, salvajismo y/o risas, la ordinarieidad no atrae. ¿o sí?.

 

John Lennon tenía veinticinco años cuando, cuando los Beatles declararon que eran más famosos que Jesucristo, no lo hicieron de mala.  fe Artistas de esa talla parecieran que logran hacer mover el sístole y el diástole, percibieron la euforia que sentía el público.

 

El fenómeno de Juan Gabriel y la inmensa tribu que lo sigue y lo celebra es incalculable. Su historia abarca pobreza, abandono, encierro, poder y misterio. Elementos que ni las obras más destacadas de autores universales logran transmitir.

 

Sus detractores dicen que fue un letrista torpe y chambón, que su prosodia y sintaxis era forzada llena de lugares comunes y absurdos. Pero eso es precisamente la razón de su éxito, la imperfección genial de la muchedumbre.

 

«Dadme un punto de apoyo y moveré la Tierra» expresó el astrónomo y matemático Arquímedes de Siracusa.  Juan Gabriel conectó con la audiencia, porque en el alguno o varios puntos hacía alusión a esas emociones, y energías contenidas. Ya sabemos que vibramos y emitimos frecuencias, Octavio Paz en su Laberinto de la Soledad: “El mexicano puede doblarse, humillarse, 'agacharse', pero no 'rajarse', esto es, permitir que el mundo exterior penetre en su intimidad.”Por eso, si nos dicen en una canción “Perdona si te hago llorar, perdona si te hago sufrir, pero es que no está en mis manos”. Algo hace clic.

 

Si se narra una historia exenta de fracasos, donde todo es un lecho de rosas con perfumes y candor, resulta irreal, salvo para ciertas élites. Por otro lado, si nos adentramos en la vida de alguien cuyo padre se dedicaba a la agricultura y solía quemar los pastizales para luego sembrar, la historia toma un matiz diferente. En una ocasión, sin poder controlarlo, debido a la preocupación y al temor por las posibles consecuencias de haber dañado la propiedad de otro, decidió arrojarse al río, experimentando un fuerte shock que derivó en una grave enfermedad. Eso, sí es auténtico, dolor y la lucha forjan resiliencia y todos anhelamos recompensa a nuestros esfuerzos.

 

En el año 2025 Netflix presenta un valioso archivo cedido por la familia del artista: 30,000 fotografías, 2,268 cintas y cerca de medio millón de registros de audio; la obra recorre desde el rechazo de su familia biológica hasta los lazos de amistad que construyó en su trayectoria. “Debo, puedo y quiero”—María José Cuevas.

 

Que nos cuentan ahora de Juan Gabriel que no sepamos ya.

 

Su mamá era una empleada doméstica que lo inscribió en un internado. Cuando él triunfó le compró una casa, pero ella no se entusiasmó con el regalo. No obstante, él le compuso una melodía que es tan popular como las mañanitas en México, “Amor eterno”.

 

La presentación en Bellas Artes desató polémica: el recinto, reservado históricamente para la ópera, el ballet y la música clásica, recibió con resistencia la llegada de un ícono popular. Para muchos sectores intelectuales y conservadores, aquel acto fue visto como un sacrilegio, una profanación del templo cultural; sin embargo, detrás de esa controversia se revelaba también la fuerza de un artista capaz de desafiar las fronteras de lo establecido.

 

En una entrevista para un programa de espectáculos, declaró: “Lo que se ve no se juzga” cuando le preguntaron sobre su orientación sexual. En las décadas de los ochenta y noventa, la sociedad mexicana era notablemente conservadora. A nadie le provoco ruido saber que el compositor más destacado del momento no se reconocía heterosexual.

 

El artista sabe que si es realmente el mejor (o el peor) trascenderá, como aquella mujer que intervino una pintura de principios de siglo deteriorada, en una iglesia poco visitada en Borja España; pasó a la historia por su atrevimiento y desenlace desagradable o bien como el destacado Salvador Dalí que se ufanaba de ser el mejor pintor: “Lo importante es que hablen de ti, aunque sea bien”.

 

Algunos lo comprendemos con claridad, otros apenas lo intuyen, pero el deseo profundo y evidente del ser humano es trascender: convertirse en polvo de estrellas y, antes de partir, dejar un legado que dé sentido a su paso por la vida.

 

Al “Divo de Juárez” había que inventarlo, había que tenerlo como está hoy…en un altar. Necesitamos tótems, santos, ídolos. Si no ¿Qué sería de nuestra existencia?

 

Así sucedió con Pedro Infante, con María Félix, con Cantinflas… y también con Juan Gabriel. Recuerdo aquel programa de televisión, tal vez con Verónica Castro a principios de los años noventa, donde se quedó hasta las seis de la mañana cantando y compartiendo anécdotas de su vida. Después se escuchó el Himno Nacional y de inmediato comenzó el noticiero de ECO.

 

En agosto de 2026, Sony Music Vision y Cinemex se unieron para llevar a la pantalla grande la histórica presentación que Juan Gabriel ofreció el 9 de mayo de 1990 en el Palacio de Bellas Artes junto a la Orquesta Sinfónica Nacional. Lo innovador fue que las canciones venían acompañadas de subtítulos, creando un ambiente de karaoke colectivo dentro de las salas.

 

Las paradojas de la posmodernidad, aún muerto sigues produciendo: Hoy es un mito, mañana será otro.

 

martes, 4 de agosto de 2026

Las niñeces si importan

 
En general todos los creadores de contenido se pasan de listos.
 
Su misión no es educar, no es informar, no es construir, es entretener. Aunque como efecto secundario sea ideologizar. Entretenimiento significa en tiempos de la metamodernidad, evadir, escapar del aburrimiento, ser ligero, banal, frágil, fugaz. 
 
Su habilidad principal es centrar la mirada en temas que nadie antes había explorado. ¿Por qué? Por temor, por pudor, o simple y llanamente, porque no se les había ocurrido. Así, se aprovecha de ese nicho, de ese vacío, de esa oportunidad.
 
Cuando ha pasado de tener unos pocos a miles de seguidores, el siguiente paso es monetizar, establecer colaboraciones, publicitar, y dirigir la atención de los consumidores ávidos de espectáculo, de farándula, de escándalos, de cotilleos y de contenido gratuito en redes sociales y plataformas de streaming. Con un poco de suerte, podrá convertirse en embajador de una marca internacional. A partir de los 10,000 seguidores, se es candidato a convertirse en influencer. (Es importante que tus seguidores comenten, compartan y confíen en ti). Luisito Comunica y Kimberly Loaiza son ejemplos de influencers líderes en el mercado.
 
¿Cuál es el grado de estudios óptimo para ser influencer o creador de contenido? Ninguno. Para desinformar, crear tendencias, juzgar, modelar, vender. No es necesario ir a la escuela, no hay regulación en este ámbito; todo el mundo, en todas partes, puede ser famoso y líder sin necesidad de una formación académica. ¿No es peligroso que los influencers y creadores de contenido sean analfabetas? Sí… pero, ¿a quién le importa? No existen marcos legales que salvaguarden contra influencias nocivas.
 
Millones de jóvenes, seducidos por la promesa de éxito monetario, fama, riqueza y glamour, transmiten desde sus celulares, ya sean pequeñas ocurrencias o grandes producciones, buscando pertenecer a la élite de creadores. Para que un contenido sea replicado viralmente, debe ser atractivo, sugestivo, breve y entretenido. La meta es crecer, captar la atención, retenerla; ser elegido entre todos.
 
 
En algunos países, ser influencer ya se considera una carrera profesional que puede cursarse en centros de estudios universitarios. ¿Y qué deben aprender? A conectar con su público, estudios sobre celebridades, creación de podcasts y videos, entre otros. Fascinante, ¿verdad?
 
En Chiapas destacan casos de creadores de contenido cercanos al público adolescente, que han saltado a la fama gracias a su estilo de comedia irreverente y rápidas parodias, además de un carisma único. Pakoyaso y Sonrix dominan TikTok con cifras millonarias. Varios intentan emular su éxito, sin importar que transgredan valores, tradiciones y derechos humanos.
 
Pero un gran poder conlleva una gran responsabilidad. De la pantalla salta a la sociedad. Primero se comparte en redes, se retransmite y luego se incorpora a la sociedad. Se vuelve un estilo de vida. No solo son palabras; influyen en cómo se perciben las relaciones
 
"—¿Cómo te fue en el examen? —Six seven", "Andar de delulu es mi pasión", “este comentario estuvo bien cringe”, “Después de la cita me ghosteó”, “Ese chavo anda farmeando aura con sus videos”
 
La periodista, académica e investigadora chiapaneca Patricia Chandomí, reconocida por su trabajo en derechos de las mujeres y prevención de la violencia y el abuso infantil, afirmó que no le parece gracioso que un creador de contenido haga referencias a jóvenes de 14 años con frases como “coyolitos tiernos”. Alonso Paxtor, con 614,8K seguidores en TikTok, suele incluir menores de edad en sus sketches donde abundan el doble sentido, las alusiones a la homosexualidad y la normalización de conductas ilícitas, todo ello aliñado con un peculiar coloquialismo regional. A pesar de ello, no existe un delito que perseguir, ya que no hay límites de ningún tipo para la creación de contenido.
 
En el contexto chiapaneco, la palabra “coyol” se emplea de manera coloquial para referirse al órgano sexual masculino. Debido a este uso, el término está cargado de connotaciones sexuales y es entendido por la mayoría como una referencia directa al acto sexual. En el caso del influencer Alonso Paxtor, su apodo “Coyolito” se interpreta como una alusión al sexo de hombres jóvenes, lo que refuerza la percepción de que su contenido está vinculado a insinuaciones de carácter sexual. Patricia Chandomí recuerda que el estado ocupa el primer lugar nacional en casos de abuso sexual infantil, por lo que considera inadmisible que se difunda contenido que lo minimice.
 
Reflexiona en su muro de Facebook: El abuso sexual infantil hacia niñas suele detectarse con mayor rapidez. “El ASI de niños se esconde bajo normas masculinas hegemónicas de la obligación de experimentar con todo y callarse, porque hay que ser hombre”.
 
El debate puede desencadenar algo positivo: Frenar la hipersexualización de niños y niñas. Respetar las infancias, crear un marco normativo que regule la alusión de temas perjudiciales que violenta y no asume consecuencias.
 
Defensores del comediante han elevado el tono para descalificar lo señalado por la Profesora Patricia Chandomí. Pero ¿Que cosecha un país que es indolente ante la violencia sexual, con el argumento de que es comedia? ¿Ha cambiado tanto los códigos de divertirse, que no se reconoce la amenaza, la agresión la falta de respeto a la dignidad humana?. ¿Por qué hay que tomar partido a favor de lo que no construye una cultura de paz?.
 
La pederastia o pedofilia, es una bestia que ha transmutado a  sketches floridos. Si las autoridades locales hacen oídos sordos ante la alerta que ha lanzado en Chiapas Patricia Chandomí, estarán dando un mensaje de complicidad para agresores sexuales, aún disfrazados de comediantes y creadores de contenido. 
 
Las niñeces si importan. Hagan lo que corresponde para procurarles una vida digna, presente y futura.

viernes, 24 de julio de 2026

Los muertos se reúnen a llorar por sus vivos

 “Los muertos se reúnen a llorar por sus vivos.”

#Odiseas Posmodernas

“Los muertos se reúnen a llorar por sus vivos.” Le dice Tiresias a Ulises, cuando él se acerca al inframundo. — Frase añadida por Christopher Nolan en su película La Odisea.

 

La frase me impactó. Solo aquel que ha pasado por episodios de muerte pone atención, en mi caso es el fallecimiento de mi padre.

 

Recuerdo que mi papá nos llevaba al cine a mediados de los ochenta, al cine Tapachula, donde proyectaban tres o cuatro películas seguidas. Para nosotros era un agasajo, ya que ni sentíamos cómo pasaban las horas, simplemente estábamos fascinados por la experiencia de ver tres películas por el precio de una.

 

Era temporada de vacaciones, y nos alojábamos en un hotel.  El paseo incluía ir a la playa temprano, entendía que era una inversión fuerte, por eso, en mi caso cuando me pasaban el menú para elegir alimentos en los restaurantes, pedía el de menor precio.

 

No recuerdo haber visto más películas en el cine con mi papá, más que en aquella edad de 8 o 10 años. Más tarde me dijo que no le atraía, que le parecía una pérdida de tiempo. A él le gustaban las luchas y el futbol.

 

En los 90, las televisoras rivalizaban y creo entender que se habían aliado con alguna asociación promotora de lucha libre, mostraba carteleras distintas, en una la Triple A, y en otra la de la Comisión Mundial de Lucha Libre, a veces eran los mismos luchadores, a veces era distinto. Recuerdo a Cien caras, Latin Lover, Dr. Wagner, Pierroth Junior, Konan, Rayo de Jalisco Jr, Atlantis, El perro aguayo, Brazo de oro, Satánico, La Parka, entre otros.

 

Su manera de estar cerca el de nosotros y nosotros con él, era a través del paseo, la comida, la televisión. Por eso algunas veces, nosotros que habíamos quedado en el hogar con mi madre, cuando ellos se separaron, creíamos que nos resultaba más estimulante vivir a su lado siempre, a su lado no había obligaciones, no había quehaceres, todo era agasajo, placer.

 

Nos hablaba desde primeras horas del sábado o del domingo. —¡Vénganse, a las diez comienzan las luchas!. Para esa hora, ya había ido a la carnicería por al menos dos kilos de carne, cortada en tajos, “raleada”, ya tenía, o estaba terminando de preparar la ensalada con rábanos, pepino, quesillo y/o tomate. El fuego en la parrilla estaba en su mejor momento, las cebollas, las tortillas y el chile, dorándose.

 

Entonces se escuchaba los vítores, el tema Eye Of The Tiger, los aplausos y el comentador diciendo “Lucharán a ganar dos de tres caídas, sin límite de tiempo”. Presentaban a los capitanes de la escuadra ruda y después la de los técnicos.  

 

Nosotros ya expectantes al espectáculo mordíamos uno y otro pedazo de carne, aderezado con guacamole y chirmol. Y los comentaristas con un estilo carnavalesco adornaban sus expresiones con palabras domingueras, frases chuscas, apelativos, donde mostraban que ellos también estaban disfrutando del momento. El festín duraba dos horas, y era ritual que cada sábado a las diez se repitiera.

 

—Esto es un show, pero también es lo que el mundo es. Por ejemplo, ellos se enfrentan con supuesta ira en el ring, pero en los vestidores, están de acuerdo en cada uno de sus movimientos, todo está planeado. Sabemos que es mentira todo, pero en la vida, que cosa no lo es. Nos decía.

 

En la temporada universitaria, mi hermana y yo migramos de ciudad, pero el ritual se renovaba cuando llegábamos de vacaciones o de visita inesperada, más tarde nos sacaba en su vehículo a respirar aire fresco a las comunidades más apartadas de la ciudad, donde el frescor y verdor las montañas nos extasiaban con su exuberancia. Mientras nos decía: “Desde aquí se ve distinto, allá estamos hipnotizados, ocupados en cosas urgentes quizá pero no importantes, lo importante no se reconoce con facilidad”.  

 

El tiempo pasa, maduramos, nos crecen hijos, aumentan nuestras responsabilidades, los rituales expiran. La vida sigue.

 

Y de pronto llega una conversación en una película de ficción que nos sacude, nos estremece, nos dice y que tal que como dicen que ocurre, el amor vence la muerte, y desde un no sé dónde está mi padre, pensando en mí, en sus vivos. Los que le han sobrevivido y juntamos sus recuerdos para comprender su legado.


 Llovía el día en que convalecías, el día en que falleciste y el día en que te sepultaron. 


El sonido atmosférico se combinaba con los silencios de tus deudos. Lejano escuché el sonar de la marimba interpretando “Te vas ángel mío”.  Alguien dijo que había acomodar tu cuerpo, porque estaba desalineado, inclinado hacia la derecha. Alguien con la fuerza necesaria, te levantó por los hombros y te puso derecho. Allí dos gotas de lluvia cayeron a tu rostro. Allí quedaste, en vigilia, para cuando nos toque a nosotros. ¿De donde extraigo una frase sublime para ti?, ¿De dónde saco lágrimas?, si para llorar tenemos toda la vida, y la muerte no se las merece, a la muerte merece poemas, pero lágrimas no.   


 Papá no creo que me llores, tú no llorabas por casi nada, y… yo tampoco. 


[Esdras Camacho]

 

jueves, 23 de julio de 2026

La edad de la punzada

 Para mí la máxima ambición de la vida era tener un trabajo de chofer.

Porque tenía dos ventajas. La primera, manejar un hipercarrérrimo… 

y la segunda, que te coges a la señora de la casa.”

—Eusebio Ruvalcaba/Un Hilito de sangre

Primero somos tímidos, inocentes, callados, unos ángeles sin alas, pero de los catorce a los veintitantos somos beneficiarios de “La Edad de la Punzada”, esa en que la hormona manda, esa en la que el mundo importa poco, pueden irse al demonio todos, toda autoridad, toda jerarquía, toda norma, todo límite, toda restricción, toda disciplina, censura, todos, en realidad todos. Lo único que importa es la aventura, el riesgo, lo exótico, la transgresión, lo verdadero. 

De todas las hormonas las reinas son: la testosterona, la progesterona, todas deben obedecer. Es el intercambio de fluidos el interés supremo en hombres y mujeres. El jocoso mantra es: ¡El sexo alarga la vida…Ven aquí que te haré inmortal!

El deseo es una necesidad, y la necesidad es hambre; existe una sensación de carencia, de insaciable, un “yo no sé, pero algo me ocurre; ese algo es más grande y más fuerte que toda mi vida”. Es una etapa asombrosa, sí, pero también arriesgada y peligrosa; metafóricamente se juega a la ruleta rusa a diario, se apuesta a ganar, se lo apuesta todo. “LAS AVES DE LA NOCHE ESTÁN LLAMANDO”, decía Pink Floyd en su tema “Fat Old Sun”. Esa sensación que se experimenta puede ser el abismo para algunos y, para otros, el cambio de rumbo hacia otra etapa de la vida. 

Es extravío, es desconsuelo, es encanto, es impaciencia, es hastío, es arrogancia, es incendio, es espanto, es temor, es angustia, es neblina, es soleado, es estático y es fluido, es  gloria y es infierno, es silencio y grito, es el cielo, es llanto, es el éxtasis, es amor, es candor, es mentira y es dolor, es alegría y es olvido, es esperanza y pesimismo, es quietud y arrebato, aburrimiento, desinterés, ira, energía, contención, inseguridad, asombro, desatino, diversión, desgracia, orgullo, cúspide y túneles, elevación y descenso, serenidad y paroxismo, locura, ternura, desesperación, muerte, vida, pasión, desconsuelo, gozo, tormento, amargo, dulce todo al mismo tiempo a veces y casi siempre. 

Para abordar el caso hay recetas, hay instructivo, si hay testimonios, libros, manuales, ensayos, conferencias, talleres, tratados, manuscritos, terapia, circulo de ayuda, hay apoyo, hay entrevistas, hay   material de estudios, coaching ontológicos, filosóficos, etcétera… pero nada sirve.  Hay que estar inmerso, in situ, vivir la experiencia, hay que sumergirse, flotar, resistir, insistir, hay que andar a ciegas, equivocarse, desandar, rehacer, experimentar, recuperar, intentar, estar presente. 

Que bella es la dichosa edad de la punzada.  Nada importa, nada vale, todo es incertidumbre, todo es laberinto, libertad y exquisitez. Es un geiser a cielo abierto, la irreverencia andando, el gran yo son quien soy y no me parezco a nadie, el cielo tengo por techo, nomás el sol por cobija. 

De allí brota la nostalgia eterna, la chavorruquez: la añoranza de aquellos días en que el cansancio no existía y presumíamos el preciado tesoro de nuestra juventud, el milagro de los panes y los peces renovándose a cada instante. Jugamos a ser vagabundos, ladrones, prostitutos. Sexo, alcohol y rock era nuestro alimento; En esos tiempos, el único mandamiento sagrado que importaba era “[…] Sean fecundos y multiplíquense”.

El novelista Eusebio Ruvalcaba escribió alguna vez, “Chavos Fajen no estudien: “Fajen. Fajen a lo bestia. Mastúrbense. Huelan a las mujeres. Olfatéenlas. Síganlas. Por el puro olor. Por el puro amor a esas piernas maravillosas, cachondísimas”.  

¿A quién no le gusta la edad de la punzada? A los adultos. A los encorbatados, los entacuchados, de pelo engominado, a los santurrones, a las damas de gran reputación que olvidaron los días hermosos y emocionantes en que reían a carcajadas, en que se hacía el amor en lugares inesperados, cuando pisaban a fondo el acelerador, destapando botellas con genios que concedían quinientos deseos; cuando respeto y solemnidad no formaban parte de su vocabulario. 

¿Y por qué los adultos reniegan de la edad de la punzada? Pues, claro, por envidia… maldicen aquellos días lejanos en los que improvisaban cantos y danzas. Cuando seguros de tener cartas macadas, retaban a Dios a una partida, a ver si había más universo que los sostuviera. Cuando del mar se les hizo pequeño para echarse un buche de agua, cuando se sintieron reyes de su banqueta y de la de enfrente. Sí, se desperdiciaba la vida, pero sobraba tiempo, y al fin y al cabo, tampoco valía tanto.

Y al final, resignados, agachan la mirada y se sientan a numerar lo que ya no están en edad de ejercer. 

Y, veme hoy amor aquí. Dichosa y rebelde, sigue latiendo dentro de mí, callada y ausente como el poema más hermoso de todos, que no termino más de escribir.  

#Esdras Camacho.

sábado, 11 de julio de 2026

No aspiro a dar consejos

Me encuentro en la escena 4 del acto 2, con la esperanza de concluir con éxito todas las escenas del tercer acto. Se me viene a la mente aquella frase de Shakespeare: “La vida es teatro”. La existencia consta de primer y segundo acto, entremés, pausa para hidratarse, tercer acto y desenlace.

 

La eterna pregunta que atormenta a la juventud: ¿Qué quieres ser en el futuro? Las respuestas rara vez son acertadas. Abogado, doctor, licenciado en administración de empresas turísticas.

 

Yo mismo me vi y sigo viendo enfrentado a esta pregunta. Me interrogaba y, en esos años adolescentes, soñaba con ser locutor de una emisora de radio, fotógrafo de algún periódico, o actor de teatro: la actuación me fascinó en gran medida y sigue haciéndolo.

 

A mi generación le era muy divertido responder como lo hacían los comediantes de las televisoras.

—      Mmmmh. De grande… ya sé. Seré viejito.

 

Casi nadie sabía cómo lograr sus sueños, solo era responder. Como cuando en la cancha, te llega el balón y lo pasas a alguien más así… como cuando señalas el resplandor del sol al horizonte.

 

En casi todas las familias la preocupación de los padres es influenciar a sus menores hijos para que elijan, decida, proyecten un estilo de vida superior a lo que ellos asumen como pobreza, carencia o dificultades. Es el desasosiego de los padres lo que hace que torturen a sus hijos en el sentido de ser lo que tendrían que ser. 

 

Detrás de cada profesionista, hay una historia. “Nene ¿Qué vas hace cuando seas grande?, entonaba miguel Mateos en la década de los ochenta. La letra habla de esa exigencia de tener éxito, la incertidumbre y la amenaza de ser un perro fracasado.

 

La expectativa era en la mayoría de los casos esperanzadora.

 

 

padre modelo en cuanto la motivación para perseguir sueños y metas en la vida.

 

En la secundaria descubrí el teatro, y quería yo dedicarme a eso. En la Prepa elegí el área de Ciencias Sociales, porque se me hace igual de importante e infravalorada por sobre las Matemáticas y la Química, (más imaginación, más poder). Estudié Ciencias de la Comunicación que es también suma, resta y equivalentes, pero desde el aspecto humano.

 

Yo no pensé en ser presidente, ni estrella de rockanroll, yo soñaba ser un juglar, un bufón, un antihéroe. ¡Eso! Y si pagaran por leer…o escribir, yo de grande hubiese querido elegir eso.  Pero ¿Pagarían por eso?

 

Mis padres, tuvieron paciencia suficiente y el  tino para aceptar y entender que lo mio era eso, la comunicación interpersonal, extrapersonal, organizacional, etcétera.

 

A los 21 años, recién había concluido la carrera, me encontraba haciendo el servicio social en el departamento de Comunicación de la Dirección General del Colegio de Bachilleres de Chiapas. Un día, un maestro (que fungía como Director de un plantel) llegó urgido porque necesitaba para la semana siguiente un profesor de Redacción e Inglés. Todos voltearon a verme, señalándome con el dedo al reconocer que poseía ambas habilidades. Así es como inicié en el año 2000 mi carrera como profesor.

 

Continué ejerciendo mis múltiples facetas. He estado en la cabina de radio, he realizado cápsulas informativas, entrevistas, reportajes, escrito artículos, guiones de cortometrajes, y en la fotografía he hallado placer; he encontrado lo positivo en cada uno de estos ámbitos.

 

Ahora, me siento en la escena 4 del acto 2. Espero cerrar con palmas batientes todas las escenas del tercer acto.

 

No aspiro a dar consejos, pero: no se preocupen tanto por entender lo que están haciendo, simplemente háganlo. Produzcan, creen, sigan avanzando, recorran la vida con pasión, con determinación, con perseverancia. No se desanimen ni se angustien, porque el futuro surgirá inventado, renovado, transformado. Simplemente "Descubran lo que aman". Entra en estado de flujo y lo demás llegará por añadidura. Y al mirar hacia atrás, descubrirán que ya han trazado un camino.

 

Como aquellos niños que se entretienen armando figuritas con piezas de un rompecabezas, o construyen edificios de juguete con piezas pequeñas de plástico siempre he creído que se nos concede nosotros la vida, como fragmentos de un todo. Al final se ve completo.

 

Y, papás, recuerden: no es sencillo elegir “¿Qué vas a hacer cuando seas grande?” Aconsejen a sus bodoques, pero de tal forma en que no se traumaticen con la presión.

 

#EsdrasCamacho

martes, 7 de julio de 2026

Soñar es una mina de oro

 Soñar es una mina de oro


A veces decimos —Te soñé ayer

—¿Cómo fue?

—Ya no me acuerdo.

 

Todos compartimos el placer de dormir y soñar. Aquel que afirma que nunca sueña, se equivoca, sueña, solo que no recuerda.

 

El bello y misterioso acto de imaginar, crear y producir obras de arte se encuentra en el proceso de soñar, según han confesado distintos creadores en repetidas ocasiones. Soñar es una mina de oro.

 

Dormir y soñar es como patinar en una pista de hielo en modo experto, surfear en un océano de posibilidades, sembrar habichuelas y luego trepar a las alturas de la fantasía para contemplar y sentir la realidad de una forma diferente, más allá de lo “real”. 


A veces, soñamos de una manera tan hermosa y placentera que, en el momento más álgido, algo nos saca de ese instante de éxtasis pleno. Deseamos con fervor recuperar el sueño. Otras veces, incluso llegamos a maldecir por la frustración al ser arrancados de ese territorio.

 

En los relatos bíblicos, hay episodios donde los personajes tienen sueños proféticos. José, antes de ser vendido como esclavo, tuvo unos sueños que parecían anticipar su futuro (Génesis 37); en la epopeya de Gilgamesh (Mesopotamia), el rey Gilgamesh experimenta sueños premonitorios recurrentes antes de enfrentarse a grandes peligros; en el mito fundacional del imperio azteca, Huitzilopochtli guio a los mexicas en su peregrinación a través de sueños y revelaciones a sus sacerdotes.

 

Santa Teresa de Jesús, canonizada en 1622 y fundadora de la orden religiosa de los carmelitas descalzos, escribió bellas composiciones literarias entrelazando ascetismo, misticismo y visiones proféticas. Solía llegar al éxtasis y arrobamiento espiritual mediante la oración, el ayuno y la vigilia, conceptos clave para esa percepción alterada que la condujo al conocido éxtasis sobrenatural.

 

¿Son los sueños el ingrediente secreto de las obras de arte? Sí. En Wikipedia.org, existe una lista de obras basadas en sueños donde destacan casos como el de Mary Shelley en 1816, cuando tuvo un sueño inquietante durante un verano con otros escritores: veía a un estudiante pálido arrodillado frente a la criatura que él mismo había creado, hecho que inspiró su famosa novela Frankenstein. Algo similar le ocurrió a Paul McCartney en 1965: despertó con una melodía completa sonando en su cabeza y que resultó ser "Yesterday". Salvador Dalí decía que sus cuadros eran como “fotografías de sueños”, y obras icónicas como “La persistencia de la memoria” o “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada” surgieron de su fascinación por lo onírico.

 

La tabla periódica, creación de Mendeleyev, es un ejemplo: “Vi en un sueño una tabla en la que todos los elementos encajaban en su lugar. Al despertar, lo anoté todo inmediatamente en una hoja de papel”. La lista de Wikipedia es incompleta, pues no abarca todas las ocurrencias y transmutaciones de ideas que los seres humanos expresamos espontáneamente a cada paso que damos. Poseemos dones, pero están tan ocultos en el mundo de los sueños que no creemos que sean reales.

 

¿Qué sucedería si utilizáramos correctamente lo que nos revelan los sueños? ¿Y si descubriéramos la técnica para extraer de los sueños las grandezas a las que estamos destinados? Sería necesario valorar más nuestros sueños, que son como un espejo negro de nuestras ambiciones, temores y proyecciones.  Si prestamos atención, podríamos descubrir toda su influencia en nuestras acciones cotidianas.

 

Deberíamos organizarnos, sistematizarnos, provocar los sueños y avivar la llama de la imaginación. Cuántas maravillas aguardan por ser creadas, cuántas teorías por ser descubiertas, cuánta capacidad humana yace adormilada, desconocida y en reposo mientras no exploremos nuestros sueños, mientras no bebamos del gran misterio que supone dormir y soñar…Alucinante ¿no? y además es ¡Gratis! De verdad.

 

#EsdrasCamacho