Soñar es una mina de oro
A veces decimos —Te soñé ayer
—¿Cómo fue?
—Ya no me acuerdo.
Todos compartimos el placer de
dormir y soñar. Aquel que afirma que nunca sueña, se equivoca, sueña, solo que
no recuerda.
El bello y misterioso acto de
imaginar, crear y producir obras de arte se encuentra en el proceso de soñar,
según han confesado distintos creadores en repetidas ocasiones. Soñar es una
mina de oro.
Dormir y soñar es como patinar
en una pista de hielo en modo experto, surfear en un océano de posibilidades,
sembrar habichuelas y luego trepar a las alturas de la fantasía para contemplar
y sentir la realidad de una forma diferente, más allá de lo “real”. Dormir y
soñar constituye una de las ilusiones más tiernas, que al descubrirse no
tortura ni complica la vida.
A veces, soñamos de una manera
tan hermosa y placentera que, en el momento más álgido, algo nos saca de ese
instante de éxtasis pleno. Deseamos con fervor recuperar el sueño. Otras veces,
incluso llegamos a maldecir por la frustración al ser arrancados de ese
territorio.
En los relatos bíblicos, hay
episodios donde los personajes tienen sueños proféticos. José, antes de ser
vendido como esclavo, tuvo unos sueños que parecían anticipar su futuro
(Génesis 37); en la epopeya de Gilgamesh (Mesopotamia), el rey Gilgamesh
experimenta sueños premonitorios recurrentes antes de enfrentarse a grandes
peligros; en el mito fundacional del imperio azteca, Huitzilopochtli guio a los
mexicas en su peregrinación a través de sueños y revelaciones a sus sacerdotes.
Santa Teresa de Jesús,
canonizada en 1622 y fundadora de la orden religiosa de los carmelitas
descalzos, escribió bellas composiciones literarias entrelazando ascetismo,
misticismo y visiones proféticas. Solía llegar al éxtasis y arrobamiento
espiritual mediante la oración, el ayuno y la vigilia, conceptos clave para esa
percepción alterada que la condujo al conocido éxtasis sobrenatural.
¿Son los sueños el ingrediente
secreto de las obras de arte? Sí. En Wikipedia.org, existe una lista de obras
basadas en sueños donde destacan casos como el de Mary Shelley en 1816, cuando
tuvo un sueño inquietante durante un verano con otros escritores: veía a un
estudiante pálido arrodillado frente a la criatura que él mismo había creado,
hecho que inspiró su famosa novela Frankenstein. Algo similar le ocurrió a Paul
McCartney en 1965: despertó con una melodía completa sonando en su cabeza y que
resultó ser "Yesterday". Salvador Dalí decía que sus cuadros eran
como “fotografías de sueños”, y obras icónicas como “La persistencia de la
memoria” o “Sueño causado por el vuelo de una abeja alrededor de una granada”
surgieron de su fascinación por lo onírico.
Existen numerosos y variados
testimonios en páginas web sobre descubrimientos, invenciones y creaciones
gracias a los sueños. La tabla periódica, creación de Mendeleyev, es un
ejemplo: “Vi en un sueño una tabla en la que todos los elementos encajaban en
su lugar. Al despertar, lo anoté todo inmediatamente en una hoja de papel”. La
lista de Wikipedia es incompleta, pues no abarca todas las ocurrencias y
transmutaciones de ideas que los seres humanos expresamos espontáneamente a
cada paso que damos. Poseemos dones, pero están tan ocultos en el mundo de los
sueños que no creemos que sean reales.
¿Qué sucedería si utilizáramos
correctamente lo que nos revelan los sueños? ¿Y si descubriéramos la técnica
para extraer de los sueños las grandezas a las que estamos destinados? Sería
necesario valorar más nuestros sueños, que son como un espejo negro de nuestras
ambiciones, temores y proyecciones. Los sueños constituyen un portal a realidades
mágicas de terror o placer, donde existimos elevados, fascinados y ensalzados.
Si prestamos atención, podríamos descubrir toda su influencia en nuestras
acciones cotidianas.
Deberíamos organizarnos,
sistematizarnos, provocar los sueños y avivar la llama de la imaginación.
Cuántas maravillas aguardan por ser creadas, cuántas teorías por ser
descubiertas, cuánta capacidad humana yace adormilada, desconocida y en reposo
mientras no exploremos nuestros sueños, mientras no bebamos del gran misterio
que supone dormir y soñar…Alucinante ¿no? y además es ¡Gratis! De verdad.
#EsdrasCamacho