jueves, 8 de octubre de 2026

¡Bravo Iñárritu!

 




 

Antes de incursionar en el séptimo arte, Alejandro González Iñárritu se desempeñó como reportero, entrevistador, locutor, productor y publicista. En algunas grabaciones que se conservan de los finales de los ochenta se le puede ver con entusiasmo exagerado, con la convicción de desarrollarse a totalidad en su profesión: Licenciado en Ciencias de la Comunicación.

 

La Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, es la primera en ofrecer esta licenciatura en el país. Entre los objetivos del plan de estudios de esta carrera está: Utilizar los medios como herramientas clave para el desarrollo social, la educación y la comprensión del entorno político, económico y humano.

 

En el ensayo De cara al futuro. Repensando el sentido de la formación en Ciencias de la Comunicación, publicado en la Revista Mexicana de Comunicación en el año 2023, Gabriela De la Torre Escoto y Alma Gloria Reyes Perales señalan que el objetivo de la carrera fue planteado de la siguiente manera: “Impulsar la fuerza de transformación social de los medios de comunicación, mediante la capacitación del alumno para que los conozca y valore, y actúe creativamente a través de ellos” (De la Torre Escoto & Reyes Perales, p. 151-152).

 

La Licenciatura en Ciencias de la Comunicación nació con una visión multidisciplinaria que integraba áreas como la historia de la cultura, la sociología, la filosofía, así como el estudio y análisis del cine, la televisión, la radio, la prensa, la literatura, la lógica y la ética.

 

Actualmente, el perfil de egreso de la IBERO define a sus graduados como profesionales críticos, analíticos, estratégicos y creativos, capaces de desenvolverse en diversos ámbitos de la comunicación, narrar historias significativas en cualquier medio o plataforma y promover valores como la verdad, la igualdad, la justicia y la diversidad social.

 

¿Por qué se creó la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación? Según el análisis de Raúl Fuentes Navarro en “Medio siglo del estudio universitario de la comunicación en México: El riesgo del inmediatismo superficial”, el surgimiento de esta licenciatura respondió a la necesidad de incorporar fundamentos humanísticos, filosóficos e intelectuales en su propuesta académica, al mismo tiempo que reconocía a la comunicación como un objeto de estudio de las ciencias sociales.

 

Tras concluir la licenciatura, el camino tradicional solía llevar a desempeñar roles como conductores de programas de televisión o radio, reporteros de noticias, periodistas de investigación o cronistas deportivos. Desarrollando campañas publicitarias o gestionando redes sociales de marcas reconocidas. Surgía la posibilidad de convertirse en influencers, estrategas de YouTube/TikTok o fundar medios digitales propios.

 

Nadie habría previsto que González Iñárritu, destacado egresado de dicha licenciatura, laureado con 5 premios Óscar, Presidente del Jurado en Cannes en 2019, y primer cineasta en ingresar al Colegio de México, abordara a través de su obra la megalomanía y delirio de grandeza de la humanidad contemporánea.

 

Entonces, ¿por qué la crítica no ha quedado convencida?

 

Las verdades incomodan.

 

Iñárritu, diagnosticado con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad, al igual que otros intelectuales, está utilizando el arte para educar, concienciar y liberarnos de las narrativas impuestas por las élites del poder. No esperaban que el bufón educara; se espera que todo sea un eterno "reality show", donde el pensamiento se atrofie con contenido que entretenga. "Al cine se va a divertirse, no a sufrir", dirán.

 

Lo que ha revelado en Digger: la desconexión total de las élites, el cinismo del capitalismo y el control absoluto de las narrativas mediáticas.

 

¡Bravo Iññárritu!

 

Bravo Iññárritu por ser el dolor de muelas, por no ser un subordinado al estilo de cine en boga que presenta el perfume, pero esconde la mierda. Ojalá hubiera más comunicólogos como tú. Porque no podemos traicionar los postulados de la comunicación que educa y mejora.

 

Basta de artistas pasivos, bienvenida la divergencia.

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¡Bravo Iñárritu!