Antes de incursionar en el séptimo arte, Alejandro González
Iñárritu se desempeñó como reportero, entrevistador, locutor, productor y
publicista. En algunas grabaciones que se conservan de los finales de los
ochenta se le puede ver con entusiasmo exagerado, con la convicción de
desarrollarse a totalidad en su profesión: Licenciado en Ciencias de la
Comunicación.
La Universidad Iberoamericana de la Ciudad de México, es la
primera en ofrecer esta licenciatura en el país. Entre los objetivos del plan
de estudios de esta carrera está: Utilizar los medios como herramientas clave
para el desarrollo social, la educación y la comprensión del entorno político,
económico y humano.
En el ensayo De cara al futuro. Repensando el sentido de la
formación en Ciencias de la Comunicación, publicado en la Revista Mexicana de
Comunicación en el año 2023, Gabriela De la Torre Escoto y Alma Gloria Reyes
Perales señalan que el objetivo de la carrera fue planteado de la siguiente
manera: “Impulsar la fuerza de transformación social de los medios de
comunicación, mediante la capacitación del alumno para que los conozca y
valore, y actúe creativamente a través de ellos” (De la Torre Escoto &
Reyes Perales, p. 151-152).
La Licenciatura en Ciencias de la Comunicación nació con una
visión multidisciplinaria que integraba áreas como la historia de la cultura,
la sociología, la filosofía, así como el estudio y análisis del cine, la
televisión, la radio, la prensa, la literatura, la lógica y la ética.
Actualmente, el perfil de egreso de la IBERO define a sus
graduados como profesionales críticos, analíticos, estratégicos y creativos,
capaces de desenvolverse en diversos ámbitos de la comunicación, narrar
historias significativas en cualquier medio o plataforma y promover valores
como la verdad, la igualdad, la justicia y la diversidad social.
¿Por qué se creó la
Licenciatura en Ciencias de la Comunicación? Según el análisis de Raúl
Fuentes Navarro en “Medio siglo del estudio universitario de la comunicación en
México: El riesgo del inmediatismo superficial”, el surgimiento de esta
licenciatura respondió a la necesidad de incorporar fundamentos humanísticos,
filosóficos e intelectuales en su propuesta académica, al mismo tiempo que
reconocía a la comunicación como un objeto de estudio de las ciencias sociales.
Tras concluir la licenciatura, el camino tradicional solía
llevar a desempeñar roles como conductores de programas de televisión o radio,
reporteros de noticias, periodistas de investigación o cronistas deportivos.
Desarrollando campañas publicitarias o gestionando redes sociales de marcas
reconocidas. Surgía la posibilidad de convertirse en influencers, estrategas de
YouTube/TikTok o fundar medios digitales propios.
Nadie habría previsto que González Iñárritu, destacado
egresado de dicha licenciatura, laureado con 5 premios Óscar, Presidente del
Jurado en Cannes en 2019, y primer cineasta en ingresar al Colegio de México,
abordara a través de su obra la megalomanía y delirio de grandeza de la
humanidad contemporánea.
Entonces, ¿por qué la crítica no ha quedado convencida?
Las verdades incomodan.
Iñárritu, diagnosticado con Trastorno por Déficit de
Atención con Hiperactividad, al igual que otros intelectuales, está utilizando
el arte para educar, concienciar y liberarnos de las narrativas impuestas por
las élites del poder. No esperaban que el bufón educara; se espera que todo sea
un eterno "reality show", donde el pensamiento se atrofie con
contenido que entretenga. "Al cine se va a divertirse, no a sufrir",
dirán.
Lo que ha revelado en Digger: la desconexión total de las
élites, el cinismo del capitalismo y el control absoluto de las narrativas
mediáticas.
¡Bravo Iññárritu!
Bravo Iññárritu por ser el dolor de muelas, por no ser un
subordinado al estilo de cine en boga que presenta el perfume, pero esconde la
mierda. Ojalá hubiera más comunicólogos como tú. Porque no podemos traicionar
los postulados de la comunicación que educa y mejora.
Basta de artistas pasivos, bienvenida la divergencia.

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