Según comenta Villoro, la escritura nos permite fortalecer
el pensamiento crítico, procesar información y organizar ideas. Destaca la
escritura como un medio de introspección, reflexión y gestión emocional.
#EsdrasCamacho
El verdadero sentido de la vida es vivir, como los peces del mar que no se preguntan el día en que morderán el anzuelo.
Según comenta Villoro, la escritura nos permite fortalecer
el pensamiento crítico, procesar información y organizar ideas. Destaca la
escritura como un medio de introspección, reflexión y gestión emocional.
#EsdrasCamacho
Quienes han vivido violencia y abuso enfrentan retos enormes
en su vida. A menudo sienten, con profunda angustia, que no tienen la capacidad
para superarlos.
¿De dónde extraigo esta idea?
Es tan obvia que me parece complicado desarrollarla.
Antes de proseguir quiero hacer énfasis en la mentadas
palabra duelo y resiliencia.
El duelo es proceso emocional tras vivir una pérdida, las
consabidas etapas del duelo es el shok, ira, tristeza y aceptación.
Tenemos duelos continuamente, incluso por situaciones nimias.
Si se va la luz, tenemos duelo por no haber podido preparar nuestro café
mañanero, si la plancha se cae, tenemos duelo porque no pudimos hacer uso de
ella para desarrugar nuestra ropa, si no se encuentra la prenda que queríamos,
si se perdió o desapareció mágicamente de la pantalla la tarea que habíamos
estado escribiendo y no le dimos guardar, tenemos duelo.
Podía ser risible, pero no lo es.
Las personas con experiencias traumáticas se han estacionado
en el dolor, en ese episodio angustiante, desesperante y mentalmente siguen en
ese laberinto. No todos pueden asistir a terapias, pero incluso si asistieran,
muy difícilmente serían que borraran del todo el drama impregnado en su ser.
Hang Kang, Ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024 escribe en su novela “Actos Humanos” (Penguin
Random House) la masacre del dictador en
1980 Chun Doo-hwan para con los manifestantes que exigían democracia. Las
crónicas periodísticas ofrecen datos de Entre 1,000 y 2,000 civiles murieron, estableciendo
además de la masacre el impedimento de que los sobrevivientes o familiares recuperaran
las victimas para sepultarlas, fueron enviadas a fosas comunes.
Han Kang, originaria de Gwangju y nacida en 1970, plasmó
estos hechos en una novela que la consolidó como una autora destacada en su
país y, en el mundo. Su relato es histórico, con elementos literarios, nos habla
de la resistencia, del silencio, del insalvable trauma.
Para que se olvide, se requiere transmutación, y eso aún no
es posible.
Fragmentado es una película estadounidense de 2016,
estrenada en NETFLIX en el año 2024, que aborda las múltiples personalidades: (trastorno
de Identidad Disociativo) trastorno mental grave donde una persona presenta dos
o más identidades o estados de personalidad distintos que controlan su
comportamiento de forma alternada. Johnson JG, Cohen P, Kasen S, et al.
Dissociative disorders among adults in the community, impaired functioning, and
axis I and II comorbidity. J Psychiatr Res.
El personaje central de la trama presenta 24 identidades,
todas dispares. Obsesivas-compulsivas, tristes, iracundas, perfeccionista, controladora,
maternal, protectora, infantil, poderosa, etcétera.
La víctima de un trauma, se siente avergonzada, incluso
culpable. El dolor le esclaviza.
¿Es peligroso tener trastorno de identidad disociativo?.
De acuerdo a la película, sí, es un riesgo para el propio
paciente.
Dentro de los miedos más profundos en los seres humanos, es
a lo desconocido, y el misterio de la mente es apasionante, a mí me atrae en
gran manera.
No recuerdo la fuente en la que hace años vi, documentales
que hablaban de los fenómenos paranormales. Explicaban como delirios de
grandeza de personas con algún grado de esquizofrenia, aquellos que
aparentemente tienen poderes sobrenaturales, adelantándose a los tiempos,
encendiendo lámparas o moviendo objetos con el poder de su mente, pensar que
están en comunicación directa con deidades o profetas.
El personaje de fragmentado (Kevin)es una persona lastimada,
herida, con dificultad para aceptarse y aceptar a los demás, por ello se
inventa otras identidades, para intimidar o provocar ternura, según sea su
propósito.
Empaticé con él, no me dio terror.
Al final de la trama, Kevin reconoce a otra víctima de
abuso, entonces pronuncia, “tú no eres impura” y se desinfla, se retrae, porque
al dañar a otro igual a sí mismo, se hace daño también él mismo, el personaje
moderador de las otras 23 personalidades.
La película dice mucho más de lo que cuenta, podría ser que haya
más víctimas de dolor que hallaron refugio en las manifestaciones artísticas:
piensen ustedes.
La intrusión de pensamientos divergentes, nos ocurren a
menudo, pero no siempre estamos atentos, no le damos importancia, si fuésemos todos,
pronto a los terapeutas, estarían llenos los sanatorios.
Es fundamental sanar las heridas. —no olvidar, pero si perdonar—.
Por eso necesario el arte, porque nos da
la oportunidad de contar nuestra historia (y nuestro dolor) a través de
perspectivas paralelas. El arte nos da libertad.
#EsdrasCamacho
*Soy mi propio audiolibro*
[Odiseas Posmodernas]
_Desde hace tiempo tengo chispitas, así llamo a mis diálogos
internos, a mis interpretaciones, a los devaneos filosóficos que discurren los
personajes que me habitan._
_Tengo que estructurarlos._
_El que realmente soy, un hombre temeroso, necesitado de
cariño, afecto, ternura y reconocimiento. El otro es un seductor, galante,
caballeroso, amable, futurista, conquistador. También está el académico que
solo levanta la cabeza de los libros para dictar sentencias, y luego vuelve a
su lectura; este ocupa bastante espacio. Y hay uno más: el artista silencioso
que puede pasarse horas en soledad, leyendo, escribiendo, viendo películas,
caminando, imaginando._
_Siempre me han dicho: "Ahora me toca a mí", y dominan
el escenario, se manifiestan, reciben atención, mientras los demás aguardan su
momento. Casi nunca se confrontan._
_Los personajes que me habitan son cálidos al hablar,
siempre tienen lógica, coherencia, ecuanimidad, argumentación, retórica,
validez. Estoy aprovechando cada uno de ellos en los distintos roles que
desempeño._
_Si quiero escribir un recuerdo, le pido a uno que recuerde
un momento trascendental; si estaré con mi familia, pido paciencia y otorgo
capacidad de escucha; si estoy con compañeros, dejo fluir ideas sobre proyectos
locos que podrían convertirse en obras de arte; y si estoy solo, pienso en
viajar y lo hago, pero no siempre físicamente, a veces de manera metafísica._
_Si he estado melancólico por mucho tiempo, dejo que otro
tome el relevo, y a otra cosa._
_Pero ninguno puede estar en silencio, ¿o sí? Están ahí,
aunque a veces parece que se callan, se retroalimentan, saben que existen
lenguajes silenciosos, recargan energías, para posteriormente volver a ser
beligerantes._
_Me han ayudado en la creación artística, se homogeneizan o
diversifican según las circunstancias. Siempre lo han sabido los
psicoanalistas, pero también siempre lo he sabido yo. Tenemos yoes conscientes
e inconscientes, y un "yo" moderador._
_Un infinito zapping de personalidades._
_¡Soy mi propio audiolibro, a veces subo el volumen, a veces
lo bajo para no dejarme influenciar, ya que puede ser que no esté pasando por
buenos momentos para atenderlos y decirles “por aquí”, “por allá”, “vas bien”,
“te hubieras ido”, “qué bueno que lo hiciste”, “eres el mejor”, o simplemente
“silencio, Shut up!” (porque alguno conoce un poco de inglés)._
_Recuerdo que les ponía nombres. Firmaba mis publicaciones
así, por ejemplo, Halyl Husseim, el poeta; Mauricio Sáenz, El profesor;
Asdrúbal Járquin, el intrépido; y Esdras Camacho Jagger, el moderador (este
último, mi favorito)._
_Pero también han jugado conmigo, el moderador, la caja
madre, —En el pasado había veces en las que ocupaban el lugar del otro—
Asdrúbal el intrépido asistía a encuentros con la novia de Halyl Husseim, o
Mauricio Sáenz se ponía a hacer berrinches haciéndome creer que era de Esdras
Camacho Jagger._
_¿Qué sucederá cuando uno de mis personajes muera? ¿O ya no
quieran hablarme… o será que yo dejaré de escucharlos?_
_Quizás ocurra un desbordamiento de la razón y desaparezca
también._
_Pero antes de que desaparezcan, quiero disfrutarlos,
disfrutarte. ¿Te parece si te acercas más a mí? Siempre viene bien un poco de
cortesía, y un favor siempre está a nuestro alcance._
_¿Has leído las odiseas posmodernas de hoy?_
_Me he propuesto hablarte hoy, yo también, lo mismo pensé,
yo igual, mañana yo._
#EsdrasCamacho
La tecnología aun rudimentaria, ha estado desde la era de las cavernas, ha facilitado el desarrollo y convivencia, nos ha elevado a una posición de comodidad.
Luego de la revolución industrial y las guerras mundiales,
se expandió y normalizó el uso de artefactos que “ayudan” y “facilitan” nuestra
supervivencia. Entre las cosas positivas, ha sido el avance en temas de higiene
y salud. Habría que reconocer el impacto positivo a la humanidad de la
invención de los microscopios, termómetros, estetoscopios, rayos “X”, etcétera.
Pero también ha habido avances para modernizar otras áreas
como la arquitectura, el sector agrícola, la economía, esto para engrandecer la
cadena de producción y masificarla, que más y más sectores poblacionales se
incorporaran a la modernidad.
La creación de la internet en la década de los 60 con fines
estratégicos militares permitió enlazar computadoras en distintos espacios
físicos para compartir información, conectadas en tiempo real, pudieron evitar
retrasos en la transmisión de datos que antes se hacía en forma artesanal. He ahí
el verdadero salto triunfal a la gloria… o… al infierno.
Del 2010 en adelante la conectividad fue más veloz. Para las
generaciones presentes, el mundo sin la internet de las cosas y sus maravillas,
no es posible.
Nuestros celulares para nuestra comodidad, intuyen y
predicen nuestros comportamientos. Nos diseñan estilos de vida saludables,
pueden monitorear nuestros, pasos, latidos, calorías, alertando sobre los
peligros de no estar conectados a su red.
¿Cuántas horas de las 24, estamos enganchados a la
tecnología?... ¡las 24!.
Hay gente que trabaja desde casa, hace transacciones
económicas, inversiones, solamente apretando teclas. Nos han mostrado miles de
celulares transmitiendo en tiempo real con bots, que están generando de forma
autónoma tareas repetitivas.
Esta experiencia no representa una amenaza, sino más bien
puro beneficio, tenemos 24/7 los 365 días esclavos digitales, es la sociedad
feliz industrial.
Hoy el ChatGpt sugiere que piensa mejor que nosotros, es la
inteligencia artificial, que nos ha mejorada, desplazando el esfuerzo
intelectual de crear, imaginar o pensar distinto, nos ha uniformizado porque es
más fácil, útil y efectiva su interface que nuestros procesos neuronales.
Algunos apocalípticos
nos dicen: ¡Somos el rebaño, el ganado, los conejillos de indias!
Y la masa pareciera decir —Si, los sabemos, lo queremos, lo
deseamos, es nuestro gusto.
Cassandra es la serie alemana de 6 capítulos que se encuentran disponibles
en Netflix con una duración promedio superior a los 40 minutos. Parece ciencia
ficción, pero no lo es, parece que el género es de terror, pero no lo es.
Es la aspiración concedida de los futuristas del ayer, la
normalización de la era Android.
#EsdrasCamacho
He platicado con personas que oscilan entre los 40 y 50, y la mayoría expresa su preocupación porque algunas cosas que vio o soñó a los 20 o 30 no eran como lo imaginaron.
Cuando ves que eres del grupo de los que tienen canas, arrugas y notoria grasa abdominal. Te percibes de forma distinta. Se supone que tendrás una crisis, la de los 40, pero no está comprobado, crisis puedes tener a cualquier edad.
Se supone que haces el balance de tus logros, satisfacciones, complejos, temores y frustraciones. Se supone que aligeras la carga… se supone que dejas de sentir interés, por el qué dirán.
La sociedad lo sabe, la industria lo sabe, los cuarenta es un mercado específico de nostálgicos filósofos trasnochados. Se hacen memes sobre sus gustos, tendencias e interpretaciones.
—Oye, ¿y no van a poner algo de Caifanes o Soda Stereo? ¡Eso sí era música, no estas mezclas raras!
Posiblemente tengas epifanías, sobre el valor del tiempo, el dinero, el espíritu, el amor. Posiblemente no.
Si tienes hijos, “te caerá el veinte”. Ya no puedes seguir teniendo la vista fija en el horizonte, el horizonte ya llegó.
Ya fue momento de la guerra, ahora lo es el del amor, la dicha, la serenidad.
Es el momento de encontrar oxitocina en las calmadas. Es la edad de la sabiduría, déjate envolver en ese precioso manto.
Los cuarenta es un muy buen traje, arrugado, desteñido, sucio, incólume, provocador, pero es lo que ha sobrevivido a la rebeldía. Date cuenta, eres ejemplo…bueno o malo, pero eres.
Joaquin Sabina, (Para variar cito a mi compositor y cantante predilecto) escribió un tema llamado “A mis cuarenta y Diez”. A mis cuarenta y diez/Cuarenta y nueve dicen que aparento/ Más antes que después he de enfrentarme/Al delicado momento/De empezar a pensar en recogerme/De sentar la cabeza”.
Ya se logró la revolución o no, pero te das cuenta que tus fuerzas se están enfocando en cosas distintas. Esta etapa es la auténtica en la que eres totalmente responsable en todas las dimensiones, en lo laboral, en lo afectivo, en lo introspectivo, en el imaginario, en el visionario.
En mi caso, me siento bien, pago alegremente mis deudas de amor. Me reconforto en las certezas que el transcurso del tiempo me brinda, y en la firme convicción de ser una persona auténtica, honesta y coherente.
Eres un clásico. ¡Y los clásicos nunca pasan de moda!.
Escucha aquellas pasiones silenciadas. Date el gusto de ser quien siempre quisiste ser, ya no más dramas, ya no más poses. Es la oportunidad de explorar, hay otros sabores que esperan por ti. Puede que haya otras primaveras ocultas para ti, la verdad nunca se sabe.
Enciéndete.
#EsdrasCamacho
Era el año 1992 y nos tocaba el nivel medio superior. El
desafío era el examen de admisión, la matrícula era reservada para 80 y tantos
alumnos de nuevo ingreso. A mis amigos les decía: "El que nada sabe, nada
teme", pero yo temía no acreditar y me preguntaba ¿Qué camino seguir? Días
antes del examen, los maestros convocaron a un curso propedéutico donde vimos a
algunos que permanecerían y a otros que no.
La escuela estaba ubicada en las afueras de la ciudad, daba
la impresión de haber sido un campo de cultivo o pastizal para ganado. El
edificio era seminuevo, algunas aulas estaban recién construidas, iluminadas y
ventiladas. En la plaza cívica se distinguía un pequeño templete para izar la
bandera durante los homenajes. No recuerdo mucho de eso; quizá no había
homenajes, o quizá yo no asistía.
El horario era de 3 de la tarde hasta las 9 de la noche.
Vespertina, ya que la mayoría de los maestros enseñaban por las mañanas en la
secundaria Diurna del Estado Motozintla. Esto también permitía a los alumnos
aprovechar la mañana para hacer las tareas en la biblioteca o ayudar en casa
con las labores domésticas.
El ingreso era ordenado, pero la salida era un tumulto; a
veces formaban una gran cadena de brazos humanos y a veces se les ocurría hacer
la travesura de atravesar un viejo chasis de un vehículo abandonado, para
imposibilitar el tráfico vehicular.
La mayoría de nosotros íbamos en bicicleta. El camino de ida
tenía una inclinación, siguiendo el cauce del río; disfrutaba sintiendo el aire
que se formaba en una bolsa entre la tela de mi espalda y mi piel. Al llegar,
estacionábamos las bicicletas frente a la oficina de prefectura, junto a una
docena o veintena de otras.
A veces, al regresar conducíamos con la mano izquierda en el
manubrio mientras caminábamos. Recuerdo que aquellos que no tenían ni novia ni
bicicleta se ofrecían a traerlas de vuelta a la zona urbana y dejarlas en el
domicilio del propietario.
En dos o tres paredes se apreciaban murales de Delgadillo,
un destacado pintor, escultor, grabador, muralista y activista político que fue
invitado por profesores afines a la ideología política de izquierda en los
primeros años de la década de los 80. Para 1994, la Secretaría de Educación
instruyó borrarlos por temor a que la población siguiera teniendo como máxima
la lucha por la justicia social.
Se nos informó que debíamos llevar uniforme, idea que a
algunos no les convenció, pero todos debíamos aceptar. Debido al poco personal,
los alumnos descubrieron unos desperfectos en la malla perimetral por la parte
trasera, junto al canal de desagüe, por donde se colaban. Otros esperaban en la
tienda de enfrente, sabiendo que después de las dos primeras horas quitaban el
candado del portón y podían ingresar sin dificultad.
Algunos maestros nos daban una, dos o tres hojas para
estudiar para el examen; otros llenaban el pizarrón de números, logaritmos,
polinomios, escalas, curvas cuadráticas, entre otros. En el laboratorio de
química, se nos invitaba a descubrir las moléculas de una gota de sudor,
saliva, sangre o semen.
El maestro Daniel Corona nos animaba a ver por las ventanas
el verdor de los cerros, diciendo: "El verde es el único color que no daña
la retina". Gumán Coronado nos hablaba del cooperativismo rural, Salazar
de Rubén Darío y su "ya viene el cortejo", Catalli de los productos
notables y algebraicos. En esos días, comencé a frecuentar la biblioteca:
"¿Qué libro necesitas? Te paso los de química, física o matemáticas".
Sin embargo, yo solo quería seguir leyendo la nueva antología de poesía
mexicana y otros más.
Anualmente se realizaban concursos de declamación y
oratoria, dónde se seleccionaba a quienes representarían a los destacados en
los eventos regionales y estatales. Algunos tuvieron el privilegio de demostrar
su talento en ciudades grandes. No a todos les interesaba, por eso durante esas
horas se quedaban en la plaza cívica escuchando a otros que llevaban sus
guitarras y cantaban canciones de Juan Gabriel, El Tri o los Temerarios.
En 1994, un año antes de mi graduación, uno de los
profesores de ciencias sociales nos compartía semanalmente los comunicados del
líder del movimiento armado de la selva lacandona. Él deseaba que tomáramos
conciencia de la afrenta a la sociedad del neoliberalismo, del perjuicio de la
macroeconomía en los bolsillos de las familias mexicanas, del despertar de la
conciencia a través del discurso poético y literario del Sup. Nosotros, sin
embargo, solo pensábamos en las atractivas compañeras de primero a tercero que
provocaban suspiros arrebatados de amor y desengaños con sus miradas.
Lo que tuviera que pasar, sucedería. El futuro estaba aún
lejos.
Eran nuestros días de bachillerato.
ODISEAS POSMODERNAS
Acuérdate de abril
El tema del amor y el de la muerte nos genera ansiedad, no hay quien pueda escapar a esto: por carencia, por exceso, por temor, por dolor. Toda nuestra preocupación oscila entre estos dos grandes temas.
¿Y qué sucede mientras?
Hay de dos siempre, o contemplar la inacción desde el ostracismo o inventar otros escenarios antes de la hora de la despedida.
En la publicidad nos comparten frases sencillas, arriesgadas y temerarias. "Atrévete a ir más lejos" o "No te quedes con las ganas", o, "Es simple: solo haz que pase". Y su efecto varía dependiendo de la necesidad que se tenga de poner en práctica lo obvio, es vivir en movimiento a pesar del dolor, o silenciar tus pasos, para huir del dolor.
El conjunto de cosas que construyen nuestro mundo, oscila entre lo positivo y lo negativo, entre la luz y la sombra. Pretender estar solo en un extremo es de locos. Aceptemos lo que somos. Somos esa mezcla de temores, alegrías, creencias, pensamientos, ideas, equivocaciones, aciertos, placer, amargura.
En el capítulo III de Viaje a Ixtlán de Carlos Castañeda, Juan Matus, el personaje central de su historia le dice al autor: “Te tomas demasiado en serio. Te das demasiada importancia. ¡Eso hay que cambiarlo! Te sientes lo más importante, y eso te da pretexto para molestarte con todo”.
Estamos de un lado de un umbral, o una puerta, una frontera, del otro lado hay un misterio. Nos imaginamos el otro lado, como más o menos importante, pero aquí donde estamos también es importante. Acá de este lado hay también misterios, hay entretenimiento, hay información, hay oportunidades.
El arte es así: una acción que no exige recompensa inmediata, una entrega que se hace sin garantía de cosecha. El artista planta su semilla en la tierra del tiempo, con la mirada puesta en un horizonte que tal vez nunca se acerque. Como quien escribe en la arena sabiendo que la marea vendrá.
Desde hace millonésimos años, el mundo existe y sus partículas o moléculas, o átomos, o procesos bioquímicos existirán, continuarán explotando, habrá nuevos, universos, quizá. Y nosotros pasaremos… pero en cualquier momento renaceremos en otros átomos, en otra gente.
Parafraseando al trovador Amaury Pérez en su tema: Acuérdate de abril
“[…]No olvides que el amor vuela de noche y anida en otro abril cualquiera” Agradece que exististe. (Ahora también) aunque ya no estés allí.
Somos infinitos.
#EsdrasCamacho
02/10/2025